María José Zamora
La dirigencia del PLC tiene mucha razón de preocuparse por una posible derrota, a nivel nacional, en las próximas elecciones municipales. Sin embargo, no comparto la opinión de algunos de sus miembros y altos dirigentes, que responsabilizan al Apre de restarle votos a su partido.
Los únicos responsables del triunfo del FSLN y de la derrota del PLC, si así sucede, serán los actuales dirigentes del PLC.
A mí como demócrata me parece inconcebible que para evitar que gane el FSLN yo deba de votar por un PLC que hace propaganda para las elecciones municipales con camisetas que dicen Arnoldo 2006. ¿Cómo puedo votar por un partido que insiste en respaldar, justificar y proteger a una persona que aprovechando la silla presidencial derrochó y saqueó sin misericordia las arcas públicas?
Arnoldo Alemán, el líder máximo e indiscutible para el PLC, traicionó vilmente la voluntad de las mayorías que lo llevaron a la Presidencia cuando decidió aliarse con el FSLN otorgándole cobardemente poderes que con años de lucha y sacrificio el pueblo de Nicaragua había logrado reducir a partir del triunfo de la Unión Nacional Opositora (UNO) en las elecciones de 1990.
La dirigencia del PLC quiere tapar el sol con un dedo, cuando pretende vender la idea de que ellos son adversarios del FSLN. ¿Es que acaso se les ha olvidado que el PLC se declaró en oposición al gobierno liberal de Enrique Bolaños? ¿No es con el FSLN que el diputado Enrique Quiñónez ofreció formar un grupo armado para enfrentar al Ejército de Nicaragua en el supuesto caso de que éste obedeciera cualquier mandato del Presidente de la República? ¿No es acaso con el FSLN que el PLC se ha repartido, sin vergüenza alguna, la Corte Suprema de Justicia, la Contraloría, el Consejo Supremo Electoral y otros poderes del Estado?
Indiscutiblemente todavía en el PLC existen personas honestas y liberales de corazón, pero por lo visto sin ningún poder para cambiar el rumbo del partido.
En otras palabras el PLC está secuestrado por los arnoldistas y éstos han dado muestras suficientes de que la estrategia que seguirán será únicamente la que convenga a la familia Alemán, aunque esto signifique ir en contra de sus propias bases y resto de nicaragüenses.
La proclamada honestidad del candidato del PLC, Pedro Joaquín Chamorro Barrios, no será suficiente para contrarrestar el desprestigio del partido al cual representa. Tampoco puedo pensar que logrará hacer algún cambio desde adentro si lleva como compañera de fórmula a una de las fichas más confiables y beligerantes que posee Alemán en su tablero de juego.
Ambos, Alemán y Ortega, han borrado la línea divisoria entre sus partidos, de manera tal que votar por el PLC o por el FSLN sería igualmente infructuoso y desesperanzador para el desarrollo de la democracia en Nicaragua.
A pesar de esto afortunadamente el panorama actual no es tan deplorable, porque existe una tercera opción muy bien definida que crece día a día y en la cual cada voto significará una lanza más para ser clavada en el corazón del pacto libero-sandinista.
Comprendo que muchas personas por amistad, compromiso o temor estén inhibidas para expresar abiertamente sus ideas contra los caudillos; sin embargo, cuando llegue ese momento de intimidad con su conciencia, segundos antes de marcar su elección en la boleta: ¡Sea responsable y vote por Nicaragua!
La autora es psicóloga