La lucidez de votar y decidir

Nicasio Urbina

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La lucidez de votar y decidir


Nicasio Urbina




Ahora que se acercan las elecciones municipales es de suma importancia pensar en la significación del voto. En Nicaragua ha habido un alto grado de participación ciudadana en las urnas. Ello es debido en gran medida a las dictaduras militares que ha tenido el país, de derecha y de izquierda, donde el voto popular ha sido espurio. Es debido a la intensa pobreza en que viven lo nicaragüenses, lo que obliga a pensar que con el nuevo gobierno quizás las cosas mejoren. Y a la intensa campaña que se ha hecho en las tres últimas elecciones para que la gente salga a votar.

En cambio en los países democráticos y desarrollados el índice de participación es muy bajo, la población no siente que su vida cambie mucho si suben los rojos o los azules, y el sistema funciona más o menos bien de una forma o de otra. Aún así hay una crisis generalizada del voto popular. La mayor democracia del mundo nos dio un cuadro vergonzoso en las últimas elecciones, y en la Casa Blanca se sienta un Presidente sobre el que pesa la sospecha del fraude electoral y la sombra de no tener el mandato popular.

Esta crisis del sistema electoral es el tema central de la más reciente novela de José Saramago, Ensaio sobre a lucidez, traducida al español a medida que la escribía por su mujer Pilar del Río, y publicadas ambas versiones este año 2004 (Lisboa: Caninho. Madrid: Alfaguara). La novela cuenta la historia de un pueblo que asiste masivamente a las elecciones municipales, pero al computar los resultados se encuentran con que “Los votos válidos no llegaban al 25 por ciento, distribuidos entre los partidos de la derecha, 13 por ciento, partidos del medio, nueve por ciento, partidos de la izquierda, dos y medio por ciento. Poquísimos los votos nulos, poquísimas las abstenciones. Todos los otros, más de setenta por ciento de la totalidad, estaban en blanco” (31).

La voluntad clara del pueblo de revocar cualquier mandato a los partidos políticos, genera una crisis intensa en el Gobierno que los obliga a convocar de nuevo a elecciones. Los resultados de la segunda ronda son todavía más contundentes, llegando a ochenta y tres por ciento los votos en blanco (46). El Gobierno responde como responde la mayoría de las autoridades cuando se cuestiona su poder: con violencia y represión. Se ordena estado de sitio, censura de prensa, se prohíbe el tránsito y las movilizaciones excepto por las rigurosamente necesarias, y se desencadena una investigación kafkiana de los acontecimientos.

Sin duda que éste no será el caso de Nicaragua en las elecciones que se nos avecinan pues las alianzas partisanas son muy fuertes. Tanto el FSLN como el PLC cuentan con un 25 por ciento cada uno del voto popular prácticamente asegurado. El Apre, aunque es una alianza improvisada, sin arraigo y sin líderes capaces de unir a sus seguidores, representa a la burguesía democrática, al gran capital y a los blanquillos. Aunque éstos sean económicamente el grupo más poderoso de la nación, en las urnas su voto no cuenta más que el del barrendero y el conductor, por tanto no creo que en noviembre obtengan un número considerable de alcaldías.

La gran falacia de nuestro sistema político es que los alcaldes que estamos eligiendo no tienen en la práctica gran poder real. Carecen de presupuestos independientes, están controlados por consejos municipales, y dependen de las instituciones centrales para llevar a cabo sus proyectos. Más que poder de decisión, necesitan tener habilidades de cabildeo y buenas conexiones con el Gobierno Central para poder hacer algo. El Presidente cada vez tiene menos poder.

Un Presidente políticamente torpe como Bolaños ha debilitado más la institución. Por tanto los que gobiernan en realidad el país son los diputados. Pero a esos señores no los eligió el pueblo, los eligieron Arnoldo Alemán y Daniel Ortega, de lo que se induce que la nuestra no es democracia sino más bien una “caudicracia”, como lo dijo una de nuestras mentes preclaras.

La novela de Saramago es lenta y verbosa como toda su obra. Los que hemos ido leyendo todos sus libros con fervor nos decepcionamos un poco ante Ensayo sobre la lucidez. No tiene la fascinante aventura de Ensayo sobre la ceguera, ni la explosiva detonación de El evangelio según Jesucristo. La historia se deshace en una investigación infructuosa de los posibles causantes del voto en blanco, y remata con el asesinato de la mujer que no había perdido la vista en Ensayo sobre la ceguera. Saramago intenta demostrar el poder que puede tener la resistencia ciudadana y la sociedad civil, pero la novela como novela es un fracaso.

No ha tenido la repercusión crítica que el autor había vaticinado en entrevistas previas a la publicación, ni ha rozado las tribunas de los más vendidos. El héroe es un comisario que al ver la burda triquiñuela del Gobierno se pasa al bando de los buenos y denuncia la corrupción. El hombre de la corbata azul con las pintas blancas es el asesino a sueldo que el Gobierno ha enviado para saldar la cuenta asesinando al comisario y a la mujer. El Gobierno mantiene control de la situación y nada cambia al final.

Estoy seguro ese será el resultado de la vida política en Nicaragua. Sospecho que en Managua va a ganar el FSLN con Dionisio Marenco a la cabeza. El Frente lleva en Managua a un candidato formidable aunque un tanto tenebroso, comparado con la opacidad de la inteligencia de Pedro Joaquín Chamorro. Taco a taco Nicho Marenco le puede jugar a carambola de tres bandas y lo deja regado. Conoce Managua y sus problemas mucho mejor que Pedro Joaquín conoce Las Palmas. Veremos en el balance general cómo quedan los dos partidos mayoritarios. Frente al éxito que el Frente tuvo en las pasadas elecciones municipales prácticamente ahora le toca perder, pero de los resultados dependen las nóminas de apuestas para próximas elecciones presidenciales.

Ante la crisis de poder que se da en la novela de Saramago, el Gobierno responde con acumulación de poder en manos de algunos ministros. Poco a poco los secretarios más hábiles y cínicos van acaparando las carteras de los arrepentidos y los probos. De manera similar a como la Asamblea Nacional poco a poco va acaparando más poder en Nicaragua, mermando la importancia de la Presidencia, controlando los nombramientos y aglutinando poder en manos de mini-zares de finanzas, de servicios públicos, de poderes judiciales y electorales.

Nunca hemos podido elegir y evaluar a esos señores que desde sus curules controlan los “destinos de la Patria”. Individuos que protegidos por una inmunidad desproporcionada, pretenden pasearse armados por el país con la Constitución en una mano y la pistola en la otra. La lucidez (o la estulticia) de los votantes es una medida imperfecta de las democracias, pero es al menos una medida. No votemos en blanco, votemos por el menor de los males.

* El autor es catedrático de la Universidad de Tulane, y profesor visitante de la Universidad de Cincinnati.

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