Cosas veredes, Sancho amigo

Róger Fischer S.

Hace pocos días me tocó atender a un viajero norteamericano quien por muchos años ha sabido de Nicaragua a través de las noticias internacionales que venden una imagen nuestra de violencia e inestabilidad. Al entrar a Managua procedente del aeropuerto vi cómo mi amigo se quedaba mirando a los autobuses amarillos que por doquier transitan por las calles de la ciudad. Joe me dijo: “Mi estar impresionado por la cantidad de autobuses escolares, creo que en toda América no hay tantos centros educativos como en Managua. Tenía un concepto distinto de este país. Ahora me doy cuenta que la educación está muy bien atendida y que los muchachos nicaragüenses se transportan eficientemente”.

Haciendo de tripas corazón le tuve que decir la verdad. Mirá Joe, le respondí: “Todos esos autobuses amarillos son los que en tu país son descharchados y aquí sirven para el transporte urbano e interurbano. Los pasajeros tienen que ir encogidos, pues los asientos están diseñados para niños en muchos de los casos. Este es uno de los grandes problemas que tenemos, pues a pesar de ser incómodos son inseguros, sucios y en condiciones mecánicas y físicas lamentables. Esto sin hablar de la agresividad de sus choferes y de la violencia de los transportistas, quienes además del mal servicio exigen constantemente ventajas, sin brindar un servicio satisfactorio a los usuarios”. Joe no hizo comentarios.

El tema de la ciudad devino por lógica y caímos de pronto en la campaña para elegir autoridades edilicias. Hay tres fuerzas mayores, le expliqué. Una encabezada por el Frente Sandinista que en Managua es muy sólido y las otras dos tienen peculiaridades especiales, ya que el Partido Liberal Constitucionalista lleva como candidato a un Chamorro —de familia tradicionalmente conservadora— y Alejandro Fiallos, liberal, es el candidato a alcalde apoyado por los conservadores.

El español de Joe cancaneó. “Mi no entender mucho a Nicaragua” —me dijo, sorprendido—. Tampoco mi saber que un gringo fue presidente de Nicaragua, pero leí sobre el tema. ¿Ser cierto? “me preguntó con curiosidad”. Con una sonrisa le respondí: “Fue y no fue. Él se hizo proclamar y en ese momento había dos nicaragüenses que también se sentían presidente. Lo divertido del caso es que los leoneses lo trajeron al país y los granadinos lo eligieron presidente, a pesar de ser adversarios irreconciliables para entonces. “Mi creer en el voto —argumentó Joe— parece ser que Mr. Walker fue elegido por el pueblo”.

“Parece ser pero no es. Hubo elecciones sólo en dos departamentos de Nicaragua, en Granada y en Rivas y comprenderás que dos zonas no son representativas de todo un país”, contesté con firmeza. Joe ni creyó ni dejó de creer. “Mi tener la impresión de que en su country cualquier cosa puede pasar. Así que como usted bien dice: William Walker fue y no fue Presidente; sin embargo era confederado, nació en el Sur, era gringo y murió como nicaragüense”.

“Todo esto ser muy confuso. Mejor hablemos del boxeador Mayorga”, dijo Joe al momento que encendíamos la televisión en el hotel y aparecía Daniel Ortega. “Hablar muy parecido los dos, decir cosas en la misma forma, manejar lenguaje y gestos similares. ¿Ser míster Ortega boxeador también?” “No, no no, Joe, Daniel Ortega es el líder del sandinismo, él así habla para un auditorio cautivo que tiene. Pero maneja muy bien los dos discursos el del boxeo y el normal”, le dije muy claramente. Joe, pensativo, me respondió: “Los boxeadores no saber manejar el dinero, todo lo botan, lo regalan y casi siempre quedar en la miseria… gastar en cosas inútiles, tener mala cabeza… como un boxeador ser líder? No Joe, tuve que responderle: “El no es boxeador, él fue Presidente, es un político con más años mandando que cualquiera de los Somoza”. Joe dijo: “Mi haber oído hablar de los Tachos, tener mucha plata, hablar muy bien inglés, todos ser presidentes”. Dijo mi interlocutor. “Ese fue el principal problema, mucho Somoza por mucho tiempo”, le respondí y seguí diciendo: “El pueblo se cansó y decidió que mejor que Somoza, cualquier cosa” —según Jaime Morales— y cualquier cosa vino.

Joe volteó la página y preguntó sobre la deuda externa y la situación económica de Nicaragua. En un tiempo tuvimos la inflación más alta que se ha producido en el mundo —le dije— y la deuda externa alcanzó cifras impagables, con una carga insoportable para la ciudadanía El país no era viable y Nicaragua se volvió un caos económico y socialmente miserable. Cada nicaragüense debía casi dos mil setecientos dólares con una deuda externa total de más 11 mil 600 millones de dólares, heredados del descalabro administrativo surgido de la administración sandinista, hoy vamos por un camino mucho mejor.

El ingreso a la iniciativa HIPC nos ha permitido el perdón de gran parte de la deuda y el alivio de la misma, el país empieza a crecer, aunque todavía se siente la crisis, sobre todo en los más desposeídos. “Pensé que con esa explicación Joe quedaría satisfecho. Mi amigo me quedó viendo fijo a los ojos y dijo: “Mi tener razón, pensar que míster Ortega manejar finanzas como boxeador, puede ser líder ahora y a lo mejor, aprender lección… pero hablar como boxeador es seguir siendo boxeador”.

El autor es publicista

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