La reforma de la ONU

Ricardo A. De León Borge

En el 59 período de la Asamblea General de la ONU, Alemania, Brasil, Japón y la India expresaron sus deseos de pertenecer al Consejo de Seguridad, conformado por cinco naciones, vencedoras en la II Guerra Mundial que finalizó hace ya 59 años.

El Consejo de Seguridad es el encargado de mantener la paz y seguridad internacionales, basado en el artículo 1 de la Carta de la ONU, que le da la potestad de: “tomar medidas colectivas eficaces para prevenir y eliminar amenazas a la paz”. Sin embargo, a través de su historia ha sido más bien un instrumento de los países miembros para su beneficio, o en perjuicio de algún país adverso, y muchas veces no han evitado los conflictos.

La cuestión del veto, al que tienen derecho los cinco miembros permanentes, es una de las mayores dificultades para llevar a cabo la reforma, pues los actuales miembros no desean que se les quite dicho privilegio y tampoco están dispuestos a que otros países lo obtengan.

Los actuales cinco miembros permanentes, paradójicamente, son los mayores exportadores de armamento al mundo. Asimismo, muchos países hacen caso omiso de sus resoluciones, restándole autoridad en las cuestiones que le atañen.

Desde hace algunos años ya, las voces que piden una reforma —ya sea superficial o profunda— han sido muchas, y van en crecimiento, sobre todo en el Consejo de Seguridad; e incluso no han faltado las que demandan la desaparición total de Naciones Unidas. El papel que juega este modelo de gobierno mundial debe ser rediseñado al nuevo orden imperante en el mundo, que dista mucho del orden existente cuando fue creado.

Aspiraciones. Los países mencionados anteriormente representan la nueva generación de países poderosos en el orbe, además de representar a tres continentes: América, Asia y Europa, faltando un representante de África, e incluso, podría pensar en Australia de Oceanía.

Estas aspiraciones a primera instancia parecen justas. El deseo de hacer un Consejo de Seguridad más democrático, a través de una proporción de acorde a los nuevos tiempos es una necesidad. Sin embargo, los cambiantes rumbos de las políticas de cada país me hacen dudar.

Recordemos que en la II Guerra Mundial dos de los actuales aspirantes fueron parte de las “potencias vencidas”. Otro de ellos tiene una disputa territorial, e incluso ha amenazado con el uso de armas nucleares.

Queda esperar que el comité que ha nombrado el Secretario General, Kofi Annan, sea consciente de los grandes cambios que han ocurrido desde la creación de la ONU, y sepan guiar las reformas por el camino del orden, moral y democracia. Asimismo, pueda percibir el lenguaje del futuro. De todos es sabido el poder que ejercen las potencias sobre las decisiones de Naciones Unidas. Muchas veces este poder es utilizado en perjuicio de la humanidad. Entonces, ¿qué puede hacer la ONU para evitar esta utilización si estas mismas potencias son las que dan las mayores contribuciones al organismo?

Aunque un proceso de reformas siempre produce esperanzas de un futuro mejor, también ocasiona animadversiones hacia lo nuevo y lo cierto es que Naciones Unidas necesita profundas reformas, que no sean solamente aumentar los miembros permanentes del Consejo de Seguridad, sino en todos los órganos que la conforman para que puedan dar mejores respuestas a los problemas que acechan a la humanidad.

El autor es licenciado en Relaciones Internacionales.

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