Cristiana Chamorro [email protected]
En su último libro “Contra Bush”, el escritor mexicano Carlos Fuentes provoca a todo el mundo con la siguiente conclusión: “En las elecciones presidenciales norteamericanas todos los ciudadanos del mundo deberían de tener derecho al voto. Los resultados nos afectan a todos, europeos, africanos, asiáticos. Y latinoamericanos. La población hispánica de los Estados Unidos, en este sentido, vota por todos nosotros, sus hermanos de México a Colombia a Chile y Argentina. Ojalá voten bien”.
Según el director de Los Ángeles Times, Sergio Muñoz Bata, Fuentes le reveló que escribió ese libro pensando en la comunidad latina estadounidense. Para Muñoz el reclamo central del escritor mexicano es que Bush se equivocó al fijar las prioridades de su política exterior y mintió, rompiendo la seguridad internacional y su orden jurídico al punto que “ni Europa, ni la ONU, ni la comunidad internacional podrán llegar a una solución satisfactoria con el actual régimen de George W. Bush”.
Y seguramente pensando en nosotros como ciudadanos del mundo, otros intelectuales de izquierda a derecha como Mario Vargas Llosa, Enrique Krauze, Susan Sontag coinciden con Fuentes y se han sumado a una campaña internacional contra Bush señalando que su reelección sería un desastre para todos los países del mundo. Irónicamente, los argumentos de estas voces autorizadas pueden ser válidos para toda la comunidad internacional, menos para Nicaragua.
Paradójicamente, la continuidad de Bush en la Casa Blanca podría tener un efecto modernizante en la micro política nicaragüense. No por voluntad ni conciencia del Presidente de Estados Unidos, sino porque el subdesarrollo político nos tiene condenados a una verdad histórica que se resume en una frase del historiador Andrés Pérez Baltodano: “Gracias a Dios, a golpes de suerte, a la Embajada y Estados Unidos” es que las estructuras de poder en el desarrollo histórico de Nicaragua cambian lentamente del providencialismo al Estado Nación.
Si para las elecciones presidenciales en Washington y municipales en Nicaragua, el 2 y 7 de noviembre respectivamente, se confirman los pronósticos de las encuestas, el Frente Sandinista va a aumentar el número de alcaldías bajo su dominio y podría retener la Alcaldía de Managua. No hay duda que esa victoria se subirá a la cabeza de Daniel Ortega y con el triunfo de sus alcaldes lanzará su cuarta candidatura a la Presidencia. Solamente la continuidad de George W. Bush en la Casa Blanca podría detener a Ortega de postularse para condenar a Nicaragua a otra confrontación suicida contra Estados Unidos, conflicto inevitable si Ortega y Bush sirven al mismo tiempo.
Sólo con Bush reelecto a principios de noviembre Ortega podría contener su obsesión y esperar que Herty Lewites el 16 de enero cumpla su promesa de poner su capital político al servicio del Frente Sandinista para abrirle posibilidades a ese partido de volver al poder como fuerza democrática, progresista o modernizante en el 2006. Inevitablemente, el efecto Bush en la micropolítica nicaragüense sería doble. Si Ortega es finalmente responsable con el futuro de Nicaragua y renuncia a su cuarta candidatura, los liberales se verán forzados a olvidarse de Alemán o su esposa y renovar su liderazgo lanzando a su mejor candidato, es decir, Eduardo Montealegre.
Un triunfo de Kerry, por la otra parte, significaría probablemente un retorno a la política demócrata de 1993 con respecto a Nicaragua cuando el gobierno de Bill Clinton dijo: “Los problemas entre nicaragüenses los resuelven los nicaragüenses en Nicaragua”. Ortega con Kerry no la pensaría dos veces y aumentarían sus falsas ilusiones de que podría ganar y disfrutar, como Presidente de Nicaragua, una relación menos tensa con Estados Unidos. En este escenario, los liberales tendrían excusas para justificar la candidatura de su líder máximo, aunque siga preso por robarle al Estado mientras fue Presidente de Nicaragua.
Tras las convenciones Demócratas y Republicanas en Estados Unidos no hay nada definido. Por ahora las encuestas revelan ligeras simpatías para el Presidente Bush, pero dentro del margen de error de más o menos 3.5 por ciento dichos sondeos impiden a los observadores dar un pronóstico final. Tradicionalmente en Estados Unidos los debates presidenciales que comenzaron ayer, deberían decidir la suerte de todo el mundo con el voto indeciso de los que se deciden a última hora.
Sin embargo, esta vez hay un elemento nuevo y fatal, al extremo que asemeja las elecciones de Estados Unidos con las de Nicaragua. De acuerdo al periodista Jorge Ramos en su artículo Bush contra Bush: “Estados Unidos nunca había estado tan polarizado. La política este año ha dejado el plano profesional para convertirse en un asunto personal. Hay gente que adora a Bush y gente que lo odia. Y es por razones personales, más que políticas, que se escogerá el próximo Presidente en Estados Unidos”.
Ojalá que la suerte de Nicaragua no la decida ese pequeño grupo de indecisos norteamericanos que al votar, obviamente, no van a tomar en cuenta la situación del mundo y menos la nuestra. Mi esperanza es que los próximos alcaldes sandinistas y liberales no le entreguen su victoria a Ortega y Alemán, que sería lo mismo que entregar Nicaragua a la suerte de Estados Unidos, gane Bush o Kerry.
La autora es periodista