¿Degenerados protegiendo la niñez?

Anabelle Sánchez Duarte

Las noticias acerca de personas que ostentan “cargos” de mucha responsabilidad ética hacia la niñez y la adolescencia y que no han hecho honor a la confianza de las autoridades que las nombraron, demuestran que de nada sirve tanta palabrería y afán de demostrar un compromiso fiel con una noble causa, si las palabras y las acciones van en dos vías opuestas.

Callar ante estos sucesos es lo mismo que claudicar ante lo inmoral y ser cómplice de un hecho radicalmente malo que socava los pilares de la moralidad pública. ¿Qué quiere decir degenerado? Según el diccionario de la Real Academia Española “dícese del individuo de condición mental y moral anormal o depravada…”, esto es, una persona que no se comporta de acuerdo a su naturaleza humana: ser pensante dotado de libre albedrío lo cual le capacita para dirigir su conducta hacia fines que le enriquezcan moralmente (vivencia de los valores) y no hacia fines que le envilezcan (los vicios en general).

Muchas voces en nuestra sociedad claman por una conducta intachable, la que combina las palabras con sus acciones. Un clamor que reclama hombres y mujeres de una pieza, de los que podamos fiarnos; un clamor a favor de gente honrada, de personas capaces de jugarse incluso la vida por defender unos ideales, siempre que sean “verdaderos” y no engaños colectivos. La persona auténtica es la que tiene las riendas de su ser, posee iniciativa y no nos falla, es coherente y nos enriquece con su modo de ser estable y sincero.

Pienso que no vivimos a gusto con tanta desconfianza que es lo que genera la falta de verdad. Ser honrado, en definitiva, se reduce a ser un tipazo de “una sola pieza”, como decían nuestros abuelos. Personas de verdad, genuinas, auténticas, dignas de nuestra confianza, en las que se puede creer. Lo contrario, ese vivir del cuento o del engaño es la tumba de la honradez y la veracidad que son, en el fondo, expresión de respeto hacia uno mismo y hacia los demás. Quien desconoce este valor no estima a nadie, empezando por sí mismo.

La persona íntegra tiene una actitud abierta y clara en la vida. No teme a la luz del día porque no tiene nada que esconder. Por el contrario, el que se ampara en la oscuridad y prefiere las tinieblas a la luz del sol hace de su vida un fracaso y muchas veces insoportable para quienes le tratan.

Siendo tan negativa esa carencia de honradez, ¿cómo es posible que haya seres humanos racionales que se lo propongan casi como una meta? ¿Por qué tantos reclaman la verdad pero tan pocos se comprometen seriamente con ella? ¿Hasta qué punto hay gentes que ya no distinguen entre la verdad y la mentira?

Para muestra un botón: en la Cumbre Iberoamericana que tuvo lugar en noviembre de 1997, Fidel Castro hizo unas declaraciones insólitas. Dijo: “En veinticinco años de revolución, a pesar de las dificultades y los peligros por los que hemos atravesado, jamás se ha cometido una tortura, ni un crimen”. Juzgue el lector por su cuenta.

Una vez más queda expuesta la verdad en el famoso dicho “si no vives como piensas, acabas pensando como vives”. Es un hecho comprobado que son los propios intereses los que han puesto alfombra roja, primero al subjetivismo y luego a la corrupción. El filósofo alemán Hegel dejó escrito: “El hecho de que millones de personas compartan los mismos vicios no convierte esos vicios en virtudes; el hecho de que compartan muchos errores no convierte a éstos en verdades; y el hecho de que millones de personas padezcan las mismas formas de patología mental no hace de estas personas gente equilibrada”.

Es indudable que tarde o temprano se conoce la verdad acerca de cualquier persona que trata de encubrir una conducta deshonesta. ¿De qué sirve, al final, tanta doblez? ¿Quién sale perdiendo? Espero que muchas instituciones (compuestas por individuos) tengan la valentía de “Covenant House” para reconocer los errores y tomar las medidas correctivas necesarias con el fin de preservar el bien común y la moralidad pública.

La autora es Doctora en Pedagogía y Catedrática de Ética.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí