Las luces de un apagón

Dixon Moya

La abrupta interrupción del servicio eléctrico, llama—nadie puede negarlo— que puede originar efectos negativos e incluso trágicos. Pero todo fenómeno tiene aspectos positivos, hipótesis que desarrollaré a continuación.

Un apagón, sobre todo en la noche, le permite a las personas reflexionar sobre lo maravilloso que resulta el fluido eléctrico, oprimir un botón, hacer clic y jugar a ser Dios, diciendo: ¡Hágase la luz!

En nuestra vida cotidiana, como lo enunció Karel Kosic (autor del libro Dialéctica de lo concreto), existe la tendencia a tomar las cosas y los procesos de una manera demasiado normal, sin pensar en su funcionamiento.

La única oportunidad en que nos preguntamos cómo funciona un televisor es en el momento en que tomando el control remoto pretendemos activarlo y aquél no responde, no nos maravillamos ni sorprendemos ante un complejo sistema técnico en su normal desarrollo, sólo cuando falla. Igual pasa con la energía eléctrica. Así que de vez en cuando es bueno que el hombre reaccione, despierte del sueño en que lo ha depositado la vida moderna y se haga preguntas necesarias.

Un apagón permite un descanso a la rutina, a la monótona cotidianidad, a los ritos diarios que nos hemos impuesto. Estoy casi seguro que durante la experiencia reciente vivida en varias ciudades de Nicaragua muchas familias volvieron a reunirse en torno de una mesa para hablar, así fuera sobre el mismo apagón. Por unos momentos la pantalla mágica que aglutina (pero también divide), la televisión, estuvo silenciada, muchas estaciones de radio quedaron fuera del aire, permitiendo rescatar un viejo arte, cada vez más olvidado, la tertulia, bien sea familiar, política, literaria. La tertulia que significa dialogar, compartir, jugar con las palabras en medio de las sombras.

En Colombia hace algunos años tuvimos un período de verano inusitado que afectó varias hidroeléctricas en el país. Ese fenómeno climático originó que el Gobierno de esa época, durante la administración del ex presidente César Gaviria, programara un racionamiento de energía eléctrica en las horas de la noche, lo que provocó muchos cambios en los comportamientos habituales de los ciudadanos. Por ejemplo, se reactivó la radio como medio de comunicación, un programa radial bautizado como “La Luciérnaga”, mezcla de información y ficción, notas serias y humorísticas, se convirtió en un fenómeno de masas, el cual todavía sigue iluminando el oscuro escenario del aburrimiento.

Por último, hay otro efecto paradójico pero cierto, un apagón puede contribuir a dar a luz. Muy probablemente los momentos de oscuridad fueron el escenario propicio para el amor, pero eso sólo lo sabremos en junio del próximo año, es decir, nueve meses más tarde.

El autor es diplomático colombiano.

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