César Augusto Bravo Vargas*
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Elecciones y ambiciones personales
César Augusto Bravo Vargas*
El Síndrome del figureo es el legado literario heredado por los nicaragüenses del prominente abogado y escritor doctor León Núñez Ruiz, escritor orgullosamente chontaleño que petrificó su pensamiento en el concreto de la pluma y el papel.
En esta obra, donde la denuncia social se encuentra entreverada con el humor satírico, se puede leer el artículo titulado Una fiesta política inolvidable, en el que su autor nos habla de lo imposible que se le hizo localizar al diputado tomasino (de Santo Tomás, Chontales), el doctor Dámisis Sirias. Pero como no hay mal que dure mil años, esta situación chontaleña de nunca encontrar al representante parlamentario ya fue superada con la puesta en marcha de la campaña electoral municipal, pues ahora el diputado en cuestión ha salido de su encierro cargado de lujos, pompas y adulaciones, para acompañar a su esposa candidata a alcaldesa por el PLC, visitando los diferentes barrios y comarcas del municipio de Santo Tomás, retomando y ofreciendo a la población las viejas promesas de campaña, las mismas que son recurrente en cada elección porque jamás se cumplen. De esta manera las elecciones municipales muchas veces constituyen las válvulas de escape que exacerban las ambiciones humanas más despreciables.
Recordemos: “Lo único que podemos aprender de la historia, es que la humanidad jamás aprende de la historia”. Constantemente los hombres estamos cayendo y repitiendo los errores del pasado para hacer de nuestro presente y futuro un valle de quejas y lamentos. Jamás puede haber democracia con un bipartidismo que respondiendo a los intereses de sus caudillos ha demostrado total ineficacia para gobernar. Ante tanta desgracia, la vida, “la que en otrora era considerada como un beneficio de la suerte, inspiraba humildad y gratitud hacia el destino, ahora yace convertida en un derecho que no se agradece”.
No puede ser que los nicaragüenses estemos eligiendo siempre a los mismos individuos que lejos de crear un mejor escenario para la existencia del nuevo nicaragüense, viven aferrados a las prácticas caudillistas más deplorables y menos agraciadas del aspecto humano. La libertad de la juventud es la más absurda y cruel de las quimeras, pues constantemente están siendo chantajeados a participar en política a cambio de becas inoportunas y miserables.
Ya el doctor Sirias convocó a sus becados para renovar con ellos sus compromisos con el PLC y la candidata, y aquí vemos de nuevo que el erario del pueblo paga las becas para que él reclame obligaciones a su conveniencia económica-política. Por ello jamás existe libertad cuando se tienen necesidades vitales que satisfacer. Los 400 mil córdobas de cada diputado son las hilachas de un presupuesto que la Contraloría no sabe justificar.
Lamentablemente vivimos en un país donde lo único que impera es la anarquía y los intereses mezquinos del trípode de hierro. Aquí a los cuerdos se les llaman locos y a los locos se les llaman líderes, de ahí que los jueces contratados por Daniel Ortega y pagados por el Gobierno estén llamando a respetar la Constitución que ellos mismos pisotean constantemente.
“Detrás de cada fanático hay un oportunista” decía Lenín, y de ahí la necesidad de pedirle a Dios mucha sobriedad al momento de elegir las nuevas autoridades, si es que deseamos abolir los viejos estereotipos políticos que aspiran al refinamiento del continuismo, el mal manejo del caudal público, la oligarquía y al más nefasto de todo los males, el caudillismo. “Es falso decir que la historia no es predecible” pues con los elementos que van desde la intervención de Parmalat hasta el llamado de la Iglesia Católica a la censura, lo inevitable es que en nuestra Nicaragua tan sólo impere el caos.
Siempre el tiempo pasado parece mejor y con tales añoranzas nuestro representante chontaleño ante la Asamblea Nacional volverá “después de las elecciones” a su capullo de misantropía.
* El autor es escritor chontaleño