Luis Sánchez Sancho
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Diógenes
Luis Sánchez Sancho
Un amigo lector me pidió escribir sobre Diógenes, el gran filósofo griego de la antigüedad.
En realidad son tres los Diógenes que registra la historia: uno, Diógenes de Apolonia, filósofo griego del siglo V antes de Cristo, cuya doctrina se basaba en el concepto de que el aire es el soplo de la vida, el alma de las personas y el principio de todo lo que existe. El otro es Diógenes Laercio, historiador griego del siglo III de nuestra época. Y el tercero, Diógenes de Sínope, también llamado El Cínico, eminente filósofo griego que vivió del año 413 al 327 antes de Cristo.
Este último, el más conocido de los tres, según la leyenda salía a las calles completamente desnudo, llevando en la mano una lámpara encendida para buscar al hombre justo, al que nunca encontraba porque la gente se había pervertido por las malas costumbres. Diógenes, para predicar con el ejemplo renunció a todo bienestar material y vivía dentro de un barril.
Otra anécdota legendaria sobre Diógenes es que cuando Alejandro Magno conquistó Grecia y llegó a Atenas, fue a ver al singular filósofo y le preguntó qué podía hacer por él: “quitarte de mi presencia, porque me tapas el sol”, le habría respondido Diógenes.
Siendo Diógenes un personaje histórico, las leyendas lo convirtieron en mito. Se le llama El Cínico, pero no en el sentido que comúnmente entendemos por cinismo, es decir, como impúdico, desvergonzado: Un hombre cínico, definió el célebre escritor británico Oscar Wilde, es “un hombre que conoce el precio de todo y el valor de nada”.
Pero Diógenes de Sínope era todo lo contrario de eso. El apodo de cínico es porque así se le llamó a la corriente filosófica de la que él fue uno de los principales maestros. En efecto, la Escuela de los Cínicos fue fundada por Antístenes de Atenas, un compañero de Sócrates, y su enseñanza se basaba en el principio de que para alcanzar la felicidad hay que llevar una vida recta e inteligente, o sea virtuosa.
Los cínicos querían liberar a los hombres de la esclavitud de sus costumbres y convenciones sociales, induciéndoles a reducir los deseos y apetitos que eran indispensables para vivir, así como a renunciar a los que imponían la sociedad y la civilización.
Diógenes abogaba por una vida natural y, para predicar con el ejemplo, vivía al aire libre, sin ninguna clase de vestiduras.
El nombre de cínicos que se dio a quienes sustentaban esa filosofía de la vida devino de que el gimnasio que fundó Antístenes para reunirse con sus seguidores, tenía el nombre de Cinos Argos, que en lengua griega significa “el perro Argos”.
Argos era un gigante mitológico que tenia cien ojos y estaba encargado de cuidar a Io, la que fue convertida en vaca por Hera para que Zeus no pudiera poseerla sexualmente. Para liberar a Io Hermes mató a Argos, por encargo de Zeus, pero Hera lo devolvió a la vida en forma de pavo real y colocó sus cien ojos en su hermosa cola de vistoso plumaje.
Argos se llamaba también el perro de Odiseo (Ulises) en el poema épico de Homero: La Odisea. Y Argos era el nombre de la nave en la que Jasón y sus compañeros fueron a la Cólquide (el Cáucaso de ahora) para buscar el Vellocino de Oro, y por eso fueron conocidos como los Argonautas.