Medalla de oro para Enrique Bolaños

María José Zamora [email protected]

Don Enrique Bolaños es un hombre de principios, amante de la paz y comprometido con la dignificación y desarrollo de Nicaragua. Ha sabido gobernar como él siempre lo ha dicho: con perseverancia, paciencia y prudencia.

Estas virtudes son las que lo han hecho soportar el embate sistemático de insultos, amenazas, chantajes y calumnias que miembros de los demás poderes del Estado, controlados por Ortega y Alemán, han orquestado en su contra. Aún a pesar de los constantes ataques politiqueros, el Ejecutivo ha trabajado arduamente y ha logrado sustanciales avances en los aspectos económicos y sociales del país.

La imagen del Gobierno de la Nueva Era y del propio presidente Enrique Bolaños están muy en alto a nivel internacional y son orgullo del pueblo de Nicaragua y ejemplo para otros gobiernos. Sin embargo, la mezquindad, la codicia, el egoísmo, la soberbia y la falta de patriotismo por parte de los liberales arnoldistas particularmente, han impedido que el plan de gobierno del presidente Bolaños se desarrolle a cabalidad.

Desafortunadamente en Nicaragua se han perdido los valores morales y los principios, ya la palabra no vale y el interés particular priva sobre el interés colectivo. Los puestos públicos que se suponen son para servir al pueblo, han sido utilizados para enriquecerse y para conformar una mafia que pretende eternizarse en el poder. Tan bajo ha caído la clase política en este país que los supuestos enemigos históricos liberales y sandinistas ahora tienen los mismos objetivos y son grandes aliados. Ya se olvidaron de los llamados héroes y mártires sandinistas que dieron su vida para desterrar los vicios del somocismo. Los asesinatos de patriotas como Pedro Joaquín Chamorro, Jorge Salazar, Arges Sequeira, Enrique Bermúdez y de muchos otros, no han tenido ningún peso a la hora de repartirse el botín.

Siempre he dicho, y lo sostengo, que si el pacto logra destituir a don Enrique Bolaños, con él se van las esperanzas de una Nicaragua desarrollada y digna. La clase media, motor de la sociedad, será deprimida, la empresa privada tendrá que rendirle pleitesía a los caudillos, si quieren subsistir, y nuevamente habrá que bregar con las coimas y el terrorismo fiscal. Las confiscaciones, la censura de prensa y los montajes para justificar el encarcelamiento de aquéllos que protesten estarán a la orden del día. Nicaragua se convertirá nuevamente en el paraíso de los terroristas y los países del primer mundo nos cerrarán sus puertas en todo sentido. Mientras, los caudillos y sus amigos seguirán dándose la buena vida, al fin y al cabo han logrado acumular millonarias fortunas.

Siento mucho que la empresa privada en Nicaragua no se una para defender la economía del país, siento mucho que la pobreza y la ignorancia sean las mejores aliadas de quienes las promueven, siento mucho que la Iglesia Católica haya perdido su papel de guía, siento mucho que el gobierno de Enrique Bolaños se esté desperdiciado.

Algún día toda Nicaragua entenderá quiénes impiden su desarrollo y quiénes son los verdaderos responsables de su miseria.

La autora es sicóloga

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