José Esteban González R.*
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Actuar en legítima defensa
José Esteban González R.*
Cuando hace algunos años, Estados Unidos anunció haber perfeccionado un nuevo tipo de bomba que reduciría la duración y daños de las guerras, muchos pensamos que se trataba de un nuevo artefacto explosivo que produciría menores pérdidas de vidas y daños materiales.
Pronto nos enteramos de que esa bomba portentosa dejaba intactas las cosas inertes —edificios, carreteras, fábricas, represas, tendidos eléctricos, etc.—, pero que su característica específica era que eliminaba únicamente a seres vivientes en decenas de kilómetros a la redonda. Desde entonces se le comenzó a conocer como la “bomba-sólo-mata-gente”.
Cavilando sobre este tema descubrí que en este país desventurado que es Nicaragua, ya existe una bomba que, además de ser “mata-sólo-gente” en cierto radio a su alrededor, sin embargo “mata-la-dignidad-y-la esperanza-de-toda-la-gente” en todo el país. Esa bomba es la pobreza extrema y la corrupción. El superbombardero desde el cual se lanza esa letal bomba se llama “pacto”. Los pilotos que se alternan al mando y que accionan sincronizadamente las compuertas de esa aeronave de muerte se llaman Arnoldo Alemán Lacayo y Daniel Ortega Saavedra.
¿Cómo defendernos de esa terrible bomba que “mata-hasta-las-ganas-de-vivir-de-toda-la-gente”? La única manera de impedir que esa bomba penetre nuestro espacio y para desviarla hacia el planeta de los simios donde fue concebida, es que extendamos en todo nuestro cielo un escudo impenetrable, una red de rayos láser certeros que protejan nuestras vidas, nuestra dignidad y nuestra patria.
Esto nos trae al punto esencial: el fundamento, el centro y la coronación de nuestra República es la gente que la compone, es decir, vos, yo, todos. Una nación puede subsistir sin territorio, pero no puede haber república sin nación, ni nación sin pueblo, ni pueblo sin gente, sin personas, es decir, sin vos y sin mí, sin nosotros.
Es hora de erguirnos a la altura de nuestra dignidad para defender el derecho que tenemos a existir como pueblo organizado. Defender la República contra la bomba del pacto. Señalar con el dedo acusador a los autores y responsables de ese instrumento de exterminio.
Cada vez que se vea pasar la caravana de Daniel Ortega o de Arnoldo Alemán, hay que extender sin temor el brazo de nuestra fuerza ciudadana y señalar con el dedo acusador de la justicia y de la dignidad, a nuestros agresores. Es legítima defensa y una forma pacífica y civilista de defendernos. Con ese gesto haremos patente que todos y cada uno de nosotros los reconocemos como responsables de nuestra desgracia.
Pero no son ellos los únicos responsables. Estos caudillos-pillos tienen cómplices en sus estructuras partidarias, en la Asamblea Nacional y en los poderes del Estado. Por eso hay que hacer plantones a la entrada de la Asamblea Nacional para señalar con el dedo a todos los diputados de la bancada sandinista y de la bancada arnoldista. Hacer piquetes a la entrada de las oficinas del Consejo Supremo Electoral. Hacer piquetes frente a la Corte Suprema de Justicia y a la entrada de los Juzgados. Señalar con el dedo a la presidenta, magistrados y magistradas del Poder Judicial, a aquellas juezas y jueces de la capital o de los departamentos que sin pudor se identifican públicamente con los intereses inconfesables de sus partidos y no con nosotros que pagamos sus salarios no obstante, ser sus víctimas. Señalémoslos para que les dé vergüenza.
Para ser justos y marcar la diferencia, hay que aplaudir y saludar afectuosamente a los diputados, magistrados y jueces que de manera clara, pública, permanente e irreversible se identifiquen con la bandera azul y blanco de la Patria, que ya están luchando o se incorporen a la lucha contra el pacto y trabajen de manera civilista para que los caudillos-y-pillos sean llevados al lugar que les corresponde.
Que los buenos y honestos se sientan respaldados y alentados a intensificar su lucha, que tengan la certeza de que Nicaragua no se hundirá en el caos y en la miseria porque tiene quien la defienda: nosotros, los ciudadanos unidos por amor a Nicaragua.
* El autor es fundador de la CPDH, Presidente Nacional del PSC y miembro del Consejo Político de la Alianza por la República.