Manuel Castillo Fletes*
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Seguro Social versus AFP
Manuel Castillo Fletes*
Cuando el Seguro Social se comenzó a implementar en Nicaragua hace varias décadas, se hizo con el fin de proteger a todos los afiliados ante las diferentes contingencias de la vida, especialmente la invalidez, vejez y muerte. La Seguridad Social inició con una afiliación paulatina de los trabajadores, cuyos empleadores para cumplir con la ley los registraron en el INSS, para lo cual tenían que hacer el aporte patronal, algo que hoy en día es muy difícil conseguir con los noveles empresarios.
Quienes tuvieron esa genial idea de crear la Seguridad Social, además de hacerlo para proteger al trabajador, lo hicieron para evitar que el Estado asumiera semejante responsabilidad. En esos tiempos dorados era difícil oír quejas de algún afiliado, ya que el INSS tenía sus propias policlínicas, la cobertura médica era suficiente y hasta mandaban a curarse al extranjero a algunos asegurados cuya enfermedad no podía ser tratada en el país. Algo que nunca estuvo en los cálculos de los creadores de la Seguridad Social es que en los años ochenta, en Nicaragua el córdoba se devaluaría a niveles dignos de estar en los Guinnes Records, y para colmo le impondrían la carga de 40 mil lisiados de guerra, todo esto durante el régimen sandinista, precisamente de donde vienen las críticas más duras en contra del manejo de la Seguridad Social, como si nada tuvieran que ver con la crisis actual del INSS. Por otro lado, mucho se ha venido hablando de reformar la Seguridad Social para evitar estos desmanes y que el dinero de los afiliados al INSS no continúe utilizándose para financiar déficit, campañas políticas, etc., lo que hacía mucho peso a la hora de vender la idea de crear la Superintendencia de Pensiones y las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP), que estarían en manos del sector privado.
En todo este proceso se invirtieron muchos millones por recomendación y exigencia del Banco Mundial, que se trasladó con su recetario a Nicaragua imponiéndolo como una condición para poder entrar a la Iniciativa HIPC, ya que era una necesidad reformar la Seguridad Social para evitar una debacle del viejo sistema. Hasta dinero ofreció el Banco Mundial para financiar el déficit del INSS. Algunos meses después esta entidad aceptó haberse equivocado en sus recetas, pero no asumió la responsabilidad de todo el dinero que se gastó en el montaje del mismo. Acercándose la fecha de implementación de las AFP, aparecieron banqueros que vieron la oportunidad de hacer el negocio de su vida, agenciarse nada más y nada menos que a casi 250 mil asegurados de un sólo y esperando el traslado de los fondos de todos ellos de inmediato, sin importarles dejar al INSS sin la capacidad de cubrir sus responsabilidades con los asegurados mayores de 43 años. Lo cual no es para extrañarse: “los bancos son entidades que no tienen corazón”. Gracias a Dios el Presidente de la República reaccionó al darse cuenta que su responsabilidad constitucional es velar por la seguridad social de todos los trabajadores afiliados y no sólo de los menores de 43 años, algo que lo llevó a tener serias contradicciones con el licenciado Ramiro Sacasa Gurdián, quien ha reaccionado como representante de los grupos empresariales. Hasta ahora coincido con el señor Presidente en una decisión, porque es correcta y cuenta con mi apoyo para proteger la implementación de las AFP, hasta tanto no se encuentre una solución para que el Seguro Social no quiebre.
De modo que le propongo reformar la ley en lo que se refiere a las edades; puede ser 25 ó 30 años, lo que ayudaría a reducir el déficit y que no lo asuma el Gobierno trasladándoselo a los nicaragüenses en más impuestos. Los empresarios, por su parte, pueden y deben esperar, pues ninguna inversión se recupera de inmediato y tampoco se obtienen ganancias tan rápidamente, mientras sigue el tema del INSS versus AFP en el tapete de la discusión.
* El autor es Secretario General del Congreso Permanente de los trabajadores (CPT).