Luis Sánchez Sancho
Roman, Times, serif»>Y además…
Atenea
Luis Sánchez Sancho
Hoy comienzan las Olimpiadas en Atenas, capital de Grecia, la histórica ciudad cuyo nombre deriva de Atenea, la diosa griega que era más sabia que Zeus y más poderosa que todos los demás dioses del Olimpo.
La madre de Atenea era Metis, la diosa de la Astucia que a ruego de Zeus logró con engaños que Cronos tomara un brebaje que le hizo vomitar todos los hijos que había devorado. Pero, a su vez, Metis fue devorada por Zeus cuando éste supo que el hijo —o más bien la hija— que ella llevaba en sus entrañas, sería más poderoso que él mismo.
Sin embargo, cuando llegó el momento en que normalmente Metis hubiera dado a luz, Zeus fue atacado por un terrible dolor de cabeza, tan insoportable que pidió a Hefesto que le asestara un hachazo en la cabeza. Y entonces, del interior de la cabeza de Zeus saltó Atenea, ya completamente formada con todos sus atributos físicos e intelectuales, incluso con sus armas.
Atenea, inmensamente sabia, fue la diosa que creó la agricultura e inventó las ciencias y las artes, el arado y los barcos, los zapatos y el olivo. Ella también presidía la autoridad de los Estados y velaba por la aplicación justa de las leyes.
Cuando Crecops fundó la ciudad que llevaría después el nombre de Atenas, como era la costumbre tenía que ser consagrada a alguno de los dioses. Compitieron por ese honor Poseidón y Atenea y el acuerdo era que sería vencedor quien concediera el bien más valioso a los habitantes de la nueva ciudad que estaba predestinada a tener una gran significación histórica.
Así fue que Poseidón inventó el caballo, el más útil de los animales que desde entonces tuvieron los hombres. Pero Atenea creó el olivo, que los dioses consideraron mucho más beneficioso para los humanos que el mismo caballo. De ese modo Atenea resultó vencedora y la ciudad de Crecops fue llamada Atenas en nombre de la diosa de la sabiduría.
Atenea, a quien se le representaba como una doncella de deslumbrante hermosura, armada con lanza y escudo y la cabeza protegida con un casco de alto penacho, era también la diosa de la virginidad y la pureza. Sólo Atenea se conservaba virgen entre todas las diosas y no participaba en los amores y las orgiásticas relaciones sexuales que eran comunes en el Olimpo. Por eso a Atenea le dieron el apodo de Palas (doncella), aunque también se dice que ese sobre- nombre lo tomó del gigante del mismo nombre, al que venció, o de una medio hermana también así llamada, a quien Atenea mató accidentalmente durante unos ejercicios armados.
Por la virginidad emblemática de Atenea, su templo sagrado construido en Atenas por Fidias siguiendo instrucciones de Pericles, era el Partenón, de Partenos, que significa virginidad. En el interior del templo estaba la estatua de la diosa, de 12 metros de altura, esculpida en marfil y oro macizo (mil doscientos kilos) y adornada con piedras preciosas.
Tan celosa era Atenea de su pureza, que cuando Tiresias la vio en su esplendorosa desnudez, en una ocasión en que ella se bañaba en las aguas de una cristalina fuente, le fulminó los ojos con un rayo y lo dejó ciego para siempre. Mas, como Tiresias era protegido por otros dioses, Atenea lo compensó con el don de la profecía y desde entonces el ciego se convirtió en el célebre adivino de Tebas, el que, entre otras cosas, predijo la guerra de Troya y aconsejó ofrecer el trono y la mano de Yocasta a quien venciera a la enigmática y mortífera Esfinge.