Dexter J. [email protected]
El Estado nicaragüense se prepara para incurrir en gastos millonarios para enviar más gendarmes a la Costa Caribe del país, dizque para restablecer la seguridad ciudadana. Me ha sorprendido la agilidad con que se movieron los funcionarios del Estado para conseguir ese dinero, cuando los problemas de fondo de la población costeña siguen peligrosamente desatendidos.
Hay que recordar que la paz no es la ausencia de guerra, sino la presencia de todas aquellas condiciones sociales, económicas y espirituales que propician al individuo su pleno desenvolvimiento laboral y social que derive en convivencia sana y pacífica.
Es necesario atacar los problemas de raíz: el aislamiento, el desempleo y el trato discriminatorio, entre otros males que mantienen a esa población en un nivel de subdesarrollo cuarto-mundista. La eficiencia en conseguir el dinero arriba mencionado (a confesión de parte, relevo de prueba) es demostración clara de que los otros problemas no se resuelven por falta de voluntad política de los funcionarios del Estado.
Me referiré a estos problemas uno por uno:
La tan cacareada reparación de la carretera Río Blanco-Bilwi volvió a desaparecer con la primera lluvia de este año manteniéndose el virtual aislamiento de décadas de esa población con el resto de Nicaragua.
El pasaje de ida y regreso Bilwi-Managua es de quinientos córdobas, por el pésimo estado de la carretera, pero de Managua a San José, Costa Rica, el precio es de trescientos veinte córdobas por ida y regreso.
El desempleo en la Costa Caribe es alrededor del 90 por ciento. El trato migratorio hacia esta región es similar al de un país extranjero. En el aeropuerto de Managua el ciudadano que viaja hacia la Costa es sometido a tratos a veces humillantes por los oficiales de seguridad. Un turista que llega a Nicaragua hace sus trámites migratorios de rigor en el puerto de entrada al país. Ese mismo turista, al viajar de Managua hacia la Costa Caribe, es sometido nuevamente a trámites migratorios en los aeropuertos de esa región, como si hubiese viajado hacia otro país, acciones burocráticas que desmotivan el turismo hacia la Costa Caribe.
En otras palabras, son las políticas públicas del Estado de Nicaragua las que tienen sometida a la población de la Costa Caribe. Incrementar el número de gendarmes es desgastarse en los efectos sin tocar la causa, el fondo. Hay que dejar de confundir la víctima con el victimario. La Costa Caribe es víctima.
El Presidente de la República ha anunciado la disponibilidad de recursos para construir más de mil kilómetros de carretera en el país. Un gesto de buena voluntad hacia los problemas de la Costa Caribe sería que parte de esa inversión sea realizada en esa región, iniciándose la construcción de la carretera permanente de Bilwi hacia Río Blanco, y no a la inversa, como se ha comentado. Eso contribuiría a sacar del nocivo ocio del desempleo a centenares de coterráneos costeños. Además, con la misma premura que se gestionó fondos millonarios para la Policía, si hubiese voluntad, se podría gestionar financiamiento para actividades productivas para la Costa.
Esta realidad a que se enfrenta la población costeña lo menos que puede es recordarnos la deuda histórica que tiene el Estado nicaragüense con la población de la Costa Caribe. Ya en 1935 esto fue planteado ante el Senado de Nicaragua en el conocido Memorial Hodgson: “…Desde su reincorporación a la República, este departamento no ha hecho progreso en ningún sentido, por el contrario, ha retrocedido completamente… Tomando en consideración que nuestra vida económica, social y política no ha hecho progreso bajo el Gobierno de Nicaragua, según lo anteriormente expuesto y además que la enorme suma de cuarenta millones de dólares han sido tomados de las rentas de este departamento desde 1894 sin haberse empleado ni una pequeña parte en mejoras…”.
El autor es economista y estudiante de Derecho