Fernando [email protected]
Son pocos los personajes que marcan con sello personal las diferentes etapas históricas de un país.
No tengo duda que el doctor Emilio Álvarez Montalván es uno de ellos, sobre todo ahora que cumplió 85 años y como lo expresó en una reunión convocada por la Fundación China-nicaragüense, “¿Qué creen que se siente cuando se cumple 85 años? Pues yo no siento nada”.
Y es que don Emilio es de los hombres que no miran hacia atrás, sino hacia adelante, con aquella visión sabia que nos ha manifestado a través de sus escritos en las últimas décadas y que aún sirven de brújula en los momentos en que el barco necesita que enderecen su rumbo.
No es así nomás llegar a los 85 años, mucho menos en las condiciones que lo hace don Emilio. Cada vez más incisivo, agudo, sobrio, sabio y sincero. Al pan, pan y al vino, vino.
Nacido el día de San Ignacio, con la didáctica y sabiduría del educador, don Emilio a estas alturas no tiene nada que perder, aunque lo critiquen, lo alaben o lo ex comulguen.
Oftalmólogo, escritor, comentarista, historiador, miembro destacado del grupo Fundemos, de la Fundación China, del Consejo Editorial de LA PRENSA, pero sobre todo gran politólogo que le permite afirmar con toda la autoridad de sus conocimientos y su edad, las cualidades positivas y negativas del nicaragüense tal como lo hizo en su extraordinario compendio sobre la cultura política del nicaragüense: “Fácil de comunicarnos, voluntarios al trabajo rudo, hospitalarios y solidarios, sencillos y amistosos, pero también impuntuales, mentirosos, confianzudos e inconstantes”.
Estas cualidades y defectos, como dice don Emilio, marcan los rasgos de la cultura política que se caracteriza por el personalismo e individualismo, y que se manifiestan en el amiguismo, el caciquismo, el autoritarismo, el centralismo, las dictaduras, y el caudillismo que tanto daño han causado y siguen causando a Nicaragua y a los nicaragüenses.
Desde que don Emilio esbozó estas características en su libro: Cultura política nicaragüense, en 1999, nada ha cambiado en este país. Seguimos bajo las mismas sombras de esta cultura política dañina y peligrosa.
Por eso es que necesitamos muchos como don Emilio y que él siga viviendo muchos años para que continúe iluminándonos, analizándonos y ayudando a analizar, comentar, reflexionar y tal vez así poder cambiar este país y para lo cual, como bien dice el politólogo, se requiere “tener gobernantes virtuosos con gran espíritu patriótico que sirvan de ejemplo; que el país disponga de una hermosa clase media participativa que vaya formando núcleos de poder y, finalmente, que la sociedad civil se organice. Al carecer el país de instituciones, la virtud de gobernantes y funcionarios es esencial”.
El autor es periodista.