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Una lucha por la vida
En medio de tanta corrupción que carcome a los poderes públicos y que afecta también al sector privado y la sociedad en general, satisface conocer y poder comentar que también hay quienes luchan por resolver o al menos aliviar los graves problemas de la comunidad, y para revertir la descomposición moral generalizada.
Al respecto queremos referirnos a la Campaña contra la venta y consumo de alcohol en niños, niñas y adolescentes, que está impulsando la Dirección de Asuntos Juveniles de la Policía Nacional a cargo del comisionado Hamín Gurdián, quien visitó la semana pasada al Consejo Editorial de LA PRENSA para explicar los alcances de lo que él denomina “una campaña por la vida”.
La información es impresionante en lo que se refiere a la facilidad con que los adolescentes, e inclusive niños, consiguen las bebidas alcohólicas, y la impunidad con que se las facilitan los expendedores. Según cifras del año 2003, hay en todo el país 10,445 expendios de licor (desde bares hasta discotecas, pasando por pulperías), de los cuales más de la mitad (6,334) funcionan en Managua. Y la mayor parte de las reprensiones y sanciones impuestas por la autoridad policial a los expendios, motivadas por faltas y violaciones a la ley de la materia, se refieren precisamente al servicio o venta de licor a los menores de edad. Sólo a título de ejemplo y en el caso específico de las multas, de un total de 679 que fueron impuestas el año pasado, 356 fueron por vender licor a menores.
No cabe duda de que es correcto llamar lucha por la vida a esta campaña contra la venta y el consumo de alcohol en niños y adolescentes. Está comprobado que el consumo de alcohol (droga legal) es la puerta de entrada a las drogas ilegales, como mariguana, cocaína, crack, heroína, éxtasis, etc. El alcoholismo, además, conduce en muchos casos a la delincuencia y es uno de los caminos que llevan de la manera más rápida y directa a la ruina física y moral de la persona, y a la muerte.
Al respecto el año pasado la Organización Mundial de la Salud (OMS) señaló en un informe que tuvo un gran impacto internacional, que el 5 por ciento de las muertes de personas jóvenes de entre 15 y 29 años, en todo el mundo, está asociado con el consumo de bebidas alcohólicas; que 140 millones de personas son dependientes del alcohol; que el 4 por ciento de la morbilidad (“proporción de personas que enferman en un sitio y tiempo determinado”) en el planeta es causada por el alcohol, así como que entre el 20 y el 40 por ciento de los cánceres de esófago, epilepsias, hepatitis, accidentes de tránsito, agresiones contra las personas y homicidios, se producen por la ingestión desmedida de bebidas con contenido alcohólico.
Según la información que nos brindó el Director de Asuntos Juveniles de la Policía, la Campaña Nacional de Prevención Contra la Venta y Consumo de Alcohol en Niños, Niñas y Adolescentes, tiene el propósito de sensibilizar a la población; articular esfuerzos entre distintas instituciones, sectores y personas interesadas en el tema; realizar acciones policiales preventivas y desarrollar actividades participativas y socio-educativas.
Participan en esta alianza de lucha por la vida diversas instituciones gubernamentales y no gubernamentales, lo mismo que empresas de comunicación. Pero es toda la sociedad la que debería involucrarse en esta campaña: las iglesias, las familias, los maestros, los referentes morales, y los padres y madres de familia en lo personal, para lo cual es necesario crear los mecanismos que faciliten su participación.
Esta tarea, o más bien responsabilidad, no se le debe dejar sólo a la Dirección de Asuntos Juveniles de la Policía Nacional y a quienes la están apoyando. Al fin y al cabo, las instituciones del Estado y las organizaciones sociales no pueden sustituir a los padres de familia, ni hacer lo que éstos no han querido o no han sabido hacer para la adecuada formación de sus hijos.
Y los medios de comunicación social tenemos, por supuesto, la ineludible obligación de contribuir en todo lo que sea posible para que esta encomiable lucha por la vida sea todo lo exitosa que sus organizadores merecen, y que la sociedad nicaragüense imperiosamente necesita.