Socrátes y la democracia

Pastor Torres Gurdián

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Socrátes y la democracia


Pastor Torres Gurdián




Hace algunos días leí el libro “Enigmas de la historia”. Uno de sus capítulos se refiere a la muerte por ingestión de cicuta del filósofo griego Sócrates, quien según dicho escrito fue condenado a muerte por el delito de “corrupción de la juventud”.

Por esta razón muchos historiadores habrían confundido la verdad sobre la causa de la condena de Sócrates, ya que tal conducta delictiva nada tenía que ver con actos contra la moral y las buenas costumbres, ni perversión de jóvenes, sino que se trataba de las ideas de Sócrates en torno a la democracia.

Según el libro, efectivamente las ideas de Sócrates eran extremadamente peligrosas para la sociedad griega y sus creencias sobre la democracia, ya que desde esa época se ha manifestado y así se pretende practicar en estos tiempos, que democracia es el gobierno del pueblo, que esta palabra viene de las raíces demos: pueblo, y cratos: poder; es decir, el poder del pueblo; que esta forma de gobierno se sintetiza en la elección popular de las autoridades que gobiernan y dirigen un país, y más adelante este método se desarrolló y perfeccionó con el aporte de posteriores filósofos, como Rousseau.

Concluye el mencionado capítulo del libro señalando que, efectivamente, Sócrates se oponía a ese concepto de democracia y proclamaba que tal sistema era inadecuado y peligroso, por cuanto el voto de un ignorante tenía el mismo peso y valor que el de un sabio, lo cual era ilógico, pues si un enfermo tenía un grave padecimiento no se convocaba a cierto número de personas para que votaran y decidieran qué medicamentos recetarle, sino que se convocaba a “los que sabían”, médicos o terapeutas, para que le curaran. Que de igual forma, cuando la Patria está mal, “enferma”, no se puede llamar a todo un pueblo para que decida qué medicina es mejor, sino convocar a los más capaces para que decidan los remedios al mal social. Como es fácil suponer, estas ideas corrían como pólvora en la sociedad griega y tenían muchos adeptos, y tal “delito” no podía permitirse. Así que Sócrates fue condenado a beber cicuta y morir por envenenamiento.

Considero que éste es un gran mensaje, que aún cuando la democracia ha costado tanto, más aún en Nicaragua, y que debemos mantenerla a toda costa, es factible a través del voto democrático y popular elegir a verdaderos “médicos” que sanen a nuestro enfermo país.

Si presentamos a la escogencia del pueblo candidatos ignorantes, corruptos, incapaces o inapropiados, no podemos pedirles que elijan al menos malo. De lo que se trata es de presentar a la escogencia del pueblo a los “mejores” ciudadanos y ciudadanas, así cualquier elección es aceptable.

Dentro de esta lógica, veo la creación de Alianza por la República (APRE) como una organización pluralista, sin exclusiones, no sólo de partidos sino de personas, donde tienen cabida todos aquéllos que quieran contribuir para salvar a Nicaragua y curarla de los males endémicos producto de toda una historia de saqueo y malos gobiernos.

Quizás por eso no pienso en liberales, ni conservadores, ni sandinistas, ni socialistas, ni socialcristianos etc., sino en nicaragüenses honrados, capaces, experimentados, que quieran servir a su Patria. Y en verdad que, sólo por casualidad, cuando escribo estos atributos se me vienen a la mente los nombres de Eduardo Montealegre y Herty Lewites.

El autor es Abogado.

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