La otra amenaza criminal

Roger Noriega

En un hemisferio donde los esfuerzos multilaterales se han concentrado en el combate contra el terrorismo mundial, la plaga del tráfico de narcóticos y la triste realidad de la trata de personas, todavía queda otra amenaza criminal que no puede ser ignorada: los ataques contra el patrimonio cultural de las naciones.

Al respecto, la Interpol estima en 5,000 millones de dólares anuales el valor del comercio ilegal de artefactos y obras de arte en todo el mundo, sólo superado por los mercados de drogas ilícitas y de armamentos.

Con frecuencia, Latinoamérica, con su rico y variado patrimonio indígena y colonial, ha sido la fuente de artículos de este comercio ilícito. Consideren: en recientes semanas las autoridades españolas anunciaron el decomiso de 228 reliquias arqueológicas mayas y aztecas, sacadas de contrabando desde Nicaragua; Estados Unidos devolvió a Guatemala dos docenas de artefactos mayas luego de una brega judicial que duró seis años; y las autoridades aduaneras del Perú decomisaron cinco calaveras momificadas pertenecientes a una cultura preincaica que alguien trató de enviar a California por correo.

El saqueo de material arqueológico y etnológico le roba a las naciones su patrimonio cultural. Con frecuencia, el pillaje supone el apoderamiento rápido, no científico de artículos que tienen valor en los mercados de coleccionistas extranjeros. Sin el adecuado registro científico del contexto de un hallazgo es imposible que un artefacto contribuya a una mejor comprensión de la cultura que la produjo o a reconstruir el yacimiento en sí. Se pierde para siempre una valiosa información histórica.

Afortunadamente, Estados Unidos y nuestros asociados hemisféricos están tomando medidas para frenar este flujo. A partir de 1983 venimos aplicando la Convención de 1970 de la Unesco sobre las medidas que deben adoptarse para prohibir e impedir la importación, la exportación y la transferencia de propiedad ilícitas de bienes culturales. Este convenio proporciona un marco multilateral que en Estados Unidos se aplica por medio de acuerdos bilaterales posibilitados por la ley Convenio para Aplicar los Bienes Culturales. Esto le permite a Estados Unidos imponer restricciones a la importación de material arqueológico y etnológico objeto de saqueo, que pone en peligro el patrimonio cultural de una nación.

En años recientes Estados Unidos ha establecido acuerdos bilaterales con Bolivia, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Perú para restringir la importación ilegal de artefactos precolombinos, y en algunos casos objetos eclesiásticos del período colonial. Esos acuerdos también abordan estrategias a largo plazo para proteger el patrimonio cultural de cada país. Entre ellas figuran la capacitación para la conservación, prácticas en museos y la arqueología; el impulso al turismo cultural sostenible; y la mejora de la atención pública sobre las preocupaciones en torno al patrimonio cultural. Colombia es el país más reciente en la región en presentar una solicitud para concretar un acuerdo.

Además, el Estatuto de 1970 sobre Escultura Monumental y Arquitectónica y Murales Precolombinos impone restricciones a la importación de objetos del patrimonio histórico sin los debidos certificados de exportación.

Nuestros esfuerzos han dado resultado: cientos de objetos arqueológicos han sido devueltos a sus sitios legítimos en Latinoamérica gracias a las medidas tomadas por funcionarios estadounidenses en colaboración con sus homólogos en el extranjero. Y además de la devolución de tesoros robados, Estados Unidos ayuda a las naciones del Hemisferio Occidental a proteger su patrimonio cultural de diversas maneras.

En 2001 el Congreso de Estados Unidos estableció el fondo de los embajadores para la Conservación del Patrimonio Cultural, para ayudar a los países menos desarrollados a preservar su patrimonio cultural. Entre los proyectos que ese fondo ha financiado figuran la conservación de lugares históricos, la preservación de colecciones en museos y bibliotecas, y la documentación de las formas tradicionales de música, danza y lengua. El fondo ha dado apoyo a más de dos docenas de proyectos en Latinoamérica, en aspectos tan diversos como el rescate del idioma afrocaribeño garífuna en Honduras, la catalogación digital del patrimonio cultural de Bolivia, la rehabilitación del Salón Municipal de Nueva Amsterdam, en Guyana, y la documentación y conservación de la cultura en Palenque de San Basilio, un alejado pueblo colombiano compuesto exclusivamente de habitantes descendientes de esclavos que escaparon.

Ese tipo de actividades —ya sea la devolución de antigüedades robadas o la protección de aquellas que todavía están en sus países de origen— es la mejor manera de asociación entre Estados Unidos y nuestros vecinos del hemisferio.

Nuestro hemisferio posee una tradición de valores comunes y compartidos. Ayudar a proteger el patrimonio cultural de una nación ayuda a proteger el patrimonio cultural de todos nosotros.

El autor es Secretario de Estado Adjunto de Estados Unidos para Asuntos del Hemisferio Occidental

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