Sobre el rol de los medios de comunicación

Claudia Guadamuz Moreno

En diversos artículos se ha abordado desde diferentes perspectivas el rol de los medios de comunicación en la sociedad nicaragüense. Inclusive en editoriales del Diario LA PRENSA. Al respecto creo que muy pocos nicaragüenses pondrían en tela de duda la gran importancia que ha tenido para el país que algunos medios de prensa hayan sido los abanderados en la lucha contra la corrupción en los últimos seis o siete años. Este accionar de los medios ha contribuido —y sigue contribuyendo— a que la sociedad nicaragüense adquiera conciencia del sistema de corrupción en el cual estamos inmersos y del daño irreparable que esto ocasiona a las futuras generaciones.

Por otra parte debemos admitir que el poder de los medios de comunicación en nuestras sociedades es casi absoluto. Sin embargo, en nuestra sociedad de pronto nos sentimos defraudados porque percibimos que ciertos valores son transgredidos por parte de los medios sin siquiera inmutarse. No se puede obviar a conveniencia que los medios tienen una labor de socialización, de igual forma como lo tienen los centros de enseñanza y por lo tanto son transmisores de una cultura de valores.

En algunas charlas universitarias se ha abordado la importancia de los medios de comunicación y he observado junto a algunos estudiantes que existe la percepción —en un amplio sector de la comunidad universitaria— que los medios tergiversan o manipulan la información con más frecuencia que la deseada. Esta percepción se va propagando en ciertos sectores de la comunidad universitaria y está surgiendo poco a poco mayor demanda por una mejor calidad en la información que se nos ofrece.

Cuando se habla de que los medios transmiten una cultura de valores preocupa el hecho que los mismos parecen más interesados en publicitar el caso de algún sospechoso de fraude o malversación de fondos públicos —que sin duda contribuye a la erradicación de la corrupción—, pero no le dan la misma importancia a la otra cara de la noticia, cuando se comprueba que la misma información es falsa o errada. Por este lado surge el miedo a la prensa escrita o hablada, por el poder que tiene de desprestigiar a una persona, sin tratar de enmendar un error cuando así sucede. El poder de los medios debe ser manejado con responsabilidad frente a nuestra sociedad y ésa es la preocupación de fondo.

Esta nueva generación de futuros profesionales necesita y demanda ser informada, pero no acepta ciegamente lo que los medios nos ofrecen por ser considerados de acuerdo a ciertas encuestas: honestos, competentes o dinámicos. Por el contrario escudriñan la veracidad de la información y esperan que los profesionales de prensa den el ejemplo. Por esa razón celebro que se esté cultivando esa masa crítica que pronto formará parte del sector profesional de este país.

Me gustaría contribuir al debate y a que los dueños de los medios de comunicación y profesionales del periodismo, puedan adquirir conciencia de que la inconformidad que puede estar surgiendo, no sólo proviene desde las esferas gubernamentales que no están acostumbrados a lidiar con la crítica, sino que además otros sectores de nuestra sociedad, quienes reconocen su gran labor, están demandando cada vez más de ustedes.

Necesitamos recuperar la confianza como sociedad y al mismo tiempo valores como la solidaridad, la honestidad, la integridad, la responsabilidad, el respeto al derecho ajeno, la búsqueda de la excelencia, entre otros; pero por sobre todo, la defensa y el amor a la libertad, con la plena conciencia que no se puede hacer uso de la misma sin tener noción de los límites que son necesarios y que contribuyen a la armonía dentro de la sociedad.

Espero que los medios de comunicación social de Nicaragua sean promotores de estos valores y pricipios. De esta manera, seguramente en un futuro no muy lejano se podrá de alguna forma influir a la clase política y a futuros gobiernos. Nadie mejor que los medios para lograrlo con efectividad y para ello tienen el incentivo de esta nueva camada de “consumidores críticos”, quienes de seguro pretenden una crítica más constructiva que inquisidora.

La autora es Magíster en Gestión y Políticas Públicas.

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