Pifias con el clero

Eduardo Enríquez

Si el gobierno planeara hacer las cosas mal en sus relaciones con la Iglesia, no le saldría tan bien. Primero, dos de los funcionarios más cercanos al presidente Enrique Bolaños salen corriendo a pedir un perdón que no tenía culpa previa, y luego un Embajador habla de una negociación directa, y de un Concordato de hace siglo y medio con el Vaticano, para “mejorar” relaciones con la Iglesia local.

Para mí está claro que ese intento de revisar las relaciones con el Vaticano, entre líneas dice que lo que quieren es aprovechar el próximo retiro del cardenal Miguel Obando para dejar en su lugar un Arzobispo que los vea con mejores ojos.

Ambas han sido situaciones inútiles que sólo reflejan la inseguridad y la improvisación que abundan en este Gobierno, que se ha preocupado por plantearse políticas a 25 años plazo -que no es criticable-, pero no hay estrategia a corto plazo.

En el incidente de La Modelo habría bastado con explicarle a Su Eminencia que como en Nicaragua todos debemos ser iguales ante la ley, su acompañante debía cumplir con los mismos requisitos que el resto de los mortales para entrar al penal, y fin de la historia.

El otro caso, el del Concordato, es una nueva pifia de la diplomacia criolla, que parece que acostumbra hacer las cosas sin siquiera realizar mínimas consultas previas. Este caso es casi tan bochornoso como el “no” que le dio el presidente Vicente Fox a Bolaños cuando llegó a pedir petróleo fiado.

Se lanzaron a hablar en público de una renegociación sin saber cómo reaccionaría el Vaticano. Pareciera que a los diplomáticos nicas les gustara exhibir al Presidente. Porque aún y cuando estas pifias sean iniciativas del mandatario, el deber de su Cancillería es guardarle las espaldas.

Los adversarios políticos de Bolaños son los que han sacado provecho de ambas situaciones -con la complicidad del Cardenal, claro- primero Arnoldo Alemán y los liberales y ahora Daniel Ortega y los sandinistas que hasta una misa cardenalicia para el 19 de julio se sacaron, ¿qué tal?

Bolaños y su equipo deberían darse cuenta que con el cardenal Obando y su gente ya no hay nada que hacer. Ni que todo el Gabinete vaya de rodillas desde Casa Presidencial hasta Las Sierritas, los perdonan. Tampoco servirá que este Gobierno les devuelva todos los beneficios a los que los había acostumbrado Alemán. El daño (o el bien, desde mi punto de vista) ya está hecho.

Y en cuanto a tratar de influir en el sucesor de Obando, tampoco debería ser del interés de Bolaños, porque si las cosas se aceleraran, Obando estaría entregando el Arzobispado sólo meses antes de la salida de don Enrique.

Tal vez es positivo hacer cualquier esfuerzo por convencer al Vaticano de que es necesario aprovechar la salida de Obando para dar un golpe de timón en la jerarquía eclesiástica que se acostumbró a las mieles del Gobierno de Alemán, pero ya el Cardenal, con sus vaivenes entre nuestros caudillos, está haciendo suficiente para convencer a sus superiores en la Santa Sede de que un cambio es necesario.

Allá en el Vaticano y acá en la Nunciatura saben bien lo que dice el Evangelio: el que tenga oídos que oiga y que el que tenga ojos que vea.

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