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Retos del Consejo de Seguridad
Después de la crisis en el Consejo de Seguridad de la ONU, hace dos años, por la invasión de Estados Unidos y sus aliados a Irak, al acercarse el traspaso de soberanía a los iraquíes parece haber amainado la tormenta. El deshielo comenzó con la visita que hizo el presidente Bush a sus pares francés y alemán, Chirac y Schroeder, y el tributo que el primer mandatario estadounidense rindió al Papa Juan Pablo II.
Después de eso el Consejo de Seguridad aprobó por unanimidad un texto sobre Irak que sólo un mes atrás era imposible imaginar. Pero el punto neurálgico de las dificultades de EE.UU. en el Medio Oriente no es Irak, sino el conflicto árabe israelí, al punto que la “Hoja de Ruta” hacia la paz propuesta por el presidente Bush y que fue apoyada por Sharon y Arafat, no logró ponerse en ejecución, en gran parte porque las mutuas represalias lo hicieron imposible.
Lo nuevo ahora es la determinación unilateral del Primer Ministro de Israel de desmantelar las colonias judías en Gaza. Esto le costó a Sharon el retiro de partidos ultra nacionalistas del Gabinete de Gobierno. Como compensación prometió Sharon indemnizar a los propietarios judíos de viviendas destruidas, de acuerdo con la superficie de la propiedad y de conformidad con el tiempo que permanecieron en ellas. Sin embargo, la insistencia palestina en la llegada de una fuerza militar de cascos azules de la ONU para separar a los contendientes, sigue siendo una demanda que Israel rechaza tajantemente y es por ahora un obstáculo insalvable.
No obstante, los optimistas prosiguen sus esfuerzos pues aún funciona una comisión extra oficial que discute los dos puntos más controversiales: el status de Jerusalén reclamado como capital por israelitas y palestinos, y el regreso de la diáspora palestina de casi dos millones, refugiada en los países árabes vecinos.
Hay también otra esperanza de paz en el hecho de que han sido levantadas las barreras al ingreso de la fuerza laboral palestina a Israel, a pesar de que las medidas de seguridad permanecen muy severas. En estos momentos lo que envenena más el ambiente son los ataques con misiles a los asentamientos de refugiados palestinos, como respuesta a los atentados de terroristas suicidas.
En todo caso ya es tiempo de que la Organización de Naciones Unidas salga de ese empantanamiento en que la tienen las grandes potencias, y que se dedique a esfuerzos constructivos. Por ejemplo, a las reformas del Consejo de Seguridad. A estas alturas es absurdo ignorar la fuerza real de países como Alemania y Japón para seguir marginándolos de la membresía permanente del Consejo de Seguridad, que es el verdadero órgano decisorio de la ONU.
Otro aspecto aún controversial pero que por justicia merece solucionarse es la representación que deben tener como miembros permanentes del Consejo de Seguridad, países líderes del tercer mundo como la India y Brasil. También está enel tapete mantener o no el privilegio del veto que la Carta de las Naciones Unidas otorga a EE.UU., Gran Bretaña, Francia, Rusia y China, privilegios explicables durante la Guerra Fría pero que no se justifican hoy en día.
Mientras se despejan esas situaciones la ONU hace bien en reforzar y expandir su programa del PNUD destinado a fomentar el desarrollo de los países del tercer mundo, no sólo desde el punto de vista de la infraestructura sino en el importante campo del desarrollo humano sostenible. En Nicaragua, por ejemplo, está en proceso un taller auspiciado por el PNUD dirigido a los habitantes que ahora se llaman del territorio Nicaribe, o sea las regiones autónomas norte y sur de la Costa Atlántica.
Ya es tiempo de que los habitantes del Pacífico no se sientan “profesores” de sus hermanos de la región oriental, sino que emprendan en un plano de hermandad igualitaria las reformas que deben hacerse para corregir las deficiencias ancestrales en la integración nacional. El asunto es complejo y costoso porque implica aspectos de cultura, organización, valores y recursos financieros, pero mientras más pronto se establezcan diálogos constructivos, mejor.