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Los partidos y los líderes
La aparición del partido Alianza por la República (Apre), despertó como es natural expectativas y escepticismos, pues siempre la fundación de un nuevo partido hace nacer nuevas esperanzas, pero también viejos fantasmas.
No cabe duda que para Nicaragua, independientemente de las simpatías o antipatías políticas prevalecientes, es conveniente que surjan nuevas entidades que permitan a la gente escoger opciones diferentes a las de los dos partidos hegemónicos cuyas trayectorias no les han satisfecho. Sin perjuicio de que no sería correcto establecer como principio de verdad inapelable que el bipartidismo es perjudicial y antidemocrático.
En todo caso, lo pertinente es examinar en cada situación las condiciones particulares en que la actividad política se desenvuelve.
La cultura política de los nicaragüenses, a través de la historia nacional, se ha caracterizado por la percepción y hasta la aceptación y promoción, en ciertos casos, de poderes personales fuertes, estrechamente relacionados a estados patrimonialistas y a partidos clientelistas que siempre que pueden neutralizan el rol de las leyes y las instituciones, y ejercen el poder público por medio del caudillo o personaje autoritario y fuerte, llamado simplemente “el hombre”.
Esta conciencia crepuscular de la democracia, el derecho y las instituciones, es favorecida por el bipartidismo hegemónico que es más bien, en no pocos casos, bicaudillismo, el que a su vez es estimulado por aquélla. La dialéctica perversa entre la cultura política que produce caudillos y los caudillos que alimentan ese tipo de cultura política, asfixia la democracia y falsea el principio de legalidad, que es la base de la convivencia de toda sociedad civilizada.
La aparición en Nicaragua del nuevo partido llamado Apre debe ser analizada teniendo en cuenta este conjunto de factores que forman su propio contexto. ¿Es bueno o malo? En principio pensamos que es positivo, pues todo aquello que abra posibilidades contribuye a visualizar nuevos horizontes. Pero en todo caso, son el trabajo concreto, la acción específica y la propuesta estratégica, si es que llega a plantearse, los que van a determinar, en los resultados, la viabilidad o no de esta opción política partidista.
El desafío es muy importante pues la construcción de un partido político con pretensiones de significar una tercera vía, o simplemente, una nueva vía, exige demostrar que su propuesta no es únicamente electoral, aunque también deba serlo, sino principalmente programática y estratégica; y que su justificación estriba no únicamente en la sustitución de personas en el ejercicio del poder, sino sobre todo en la capacidad de hacer ver al electorado nicaragüense que su propuesta es diferente, mejor y por lo mismo digna de ser atendida.
Pero, igualmente, junto a la propuesta estratégica que justifique su aparición en la arena política, es imprescindible la presencia del líder —no del caudillo— capaz de impulsar y hacer realidad un programa en el estricto apego a la ley y al respeto de las instituciones, que encarne las nuevas ideas y visiones del quehacer político. En este punto, y pensando principalmente en las elecciones presidenciales es en donde podría suponerse, el Apre va a poner sus principales esfuerzos.
Pero la presencia del dirigente capaz de concitar voluntades alrededor de un proyecto se vuelve necesaria desde el inicio de este proceso, es decir desde ahora. No obstante la actual situación, sin que se quiera decir que no pueda ser superada, se presenta ante la opinión pública nicaragüense como la de un partido que tiene pendiente presentar un programa y presentar un líder, y por otra parte se observa la situación de algunos líderes que aún no se deciden a asumir abiertamente esa responsabilidad.
En cualquier caso, las decisiones para definir y construir un liderazgo deben darse en el momento preciso. La oportunidad en política es fundamental y tanto daño puede causar una decisión precipitada como una tardía. Lo cierto es que si se quiere tener alguna posibilidad de parte de esta agrupación política y de las personas que eventualmente figurarían en el futuro proceso electoral, los líderes y el partido deben buscar el mejor momento y el más adecuado punto de encuentro.