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Los pleitos en la cúpula presidencial
El pleito del Vicepresidente de la República, doctor José Rizo Castellón, con el presidente Enrique Bolaños no terminará y más bien se incrementará por lo menos hasta que el PLC nomine a su candidato presidencial para las elecciones del año 2006.
En realidad, la única estrategia que tiene el vicepresidente Rizo para conseguir el respaldo del doctor Arnoldo Alemán y que los convencionales del PLC lo escojan como candidato presidencial, es pelearse irreconciliablemente con el presidente Bolaños. No tiene otro camino.
La herida que causó el doctor Rizo al caudillo del PLC, precisamente en el Día del Padre hace dos años, no se puede cerrar fácilmente. Quizás muchos lo olvidaron, pero en una convención de liberales disidentes del arnoldismo que presidió, el 23 de junio del 2002, el vicepresidente Rizo rechazó con indignación el hegemonismo de Alemán en el PLC: “Nosotros no podemos avalar dictaduras ni tiranías. No hemos sido escuchados en nuestro reclamo de democratizar el partido”. (LA PRENSA, 24 de junio del 2002)
Muchos se alegraron con aquel desafío del vicepresidente Rizo. Pero ahora él necesita el respaldo del doctor Alemán para poder conseguir la nominación presidencial del PLC. Y aún así, ¿quién sabe?
La verdad es que en una sociedad democrática el disenso no sólo es normal sino que, inclusive, es necesario. Las controversias —aún entre miembros de un mismo partido e integrantes del mismo Gobierno—, y la lucha de opiniones interna y pública, son un mecanismo indispensable para el buen funcionamiento de la democracia. En todo caso, lo importante es que los discrepantes sean capaces de resolver constructivamente sus discrepancias y que no las dejen llegar hasta el uso de la fuerza bruta y la violencia.
En realidad, ¿qué son las guerras y cualquier clase de conflicto bélico y violento, sino la consecuencia del mal manejo de las discrepancias y la incapacidad de resolver los disensos de manera política, pacífica y civilizada?
Ciertamente, las discrepancias no deben ser vistas como deslealtades ni conspiraciones, porque más bien son expresiones de la democracia y demostraciones de su fortaleza y superioridad con respecto a las formas autoritarias de hacer política y de gobernar.
El pensamiento único no es propio de la democracia, sino de la dictadura, del autoritarismo y el totalitarismo, como fueron los casos de la dictadura somocista y del régimen sandinista. La democracia, así como es incompatible con los partidos únicos, hegemónicos o de vanguardia, también es excluyente con el monolitismo del pensamiento político. Por eso es que lucía gallardo el vicepresidente Rizo en la convención liberal del 23 de junio del 2002, cuando se enfrentó a esos vicios políticos dentro de su partido.
Pero, hay discrepancias y discrepancias. Es decir, no es lo mismo discrepar por divergencias de principios y la búsqueda de soluciones a los problemas nacionales, que pelear por cuotas de poder, por obtener y repartir prebendas, o por conseguir el favor de un caudillo corrupto para alcanzar un cargo lucrativo o una nominación electoral. Además, todos los funcionarios que fueron elegidos por el voto popular y reciben del Estado cuantiosos sueldos y otros privilegios para gobernar y resolver los problemas de la sociedad, deben tener mucho cuidado y ser prudentes en el planteamiento interno y público de sus diferencias, a fin de no dañar al país más de lo que ya está dañado.
Si bien es cierto que los funcionarios de elección popular, comenzando por el Presidente y el Vicepresidente de la República, ocupan cargos que son eminentemente políticos, y por lo tanto motivo de controversia, ellos no deben perder de vista que el pueblo los eligió y les paga para que resuelvan, no para que peleen; para que actúen de manera eficiente, no para que hagan el ridículo con sus pleitos politiqueros y sus disputas por cuotas de poder o prebendas gubernamentales.