Orient Bolívar Juárez
Diversas opiniones se han generado en Nicaragua a raíz que se dio a conocer la candidatura del ex Presidente de Costa Rica, doctor Miguel Ángel Rodríguez, para ocupar la Secretaría General de la OEA. Como se recordará, el doctor Rodríguez, siendo Presidente de su país (1988-2002), jugó un papel importante cuando se dieron los alegatos costarricenses para impulsar un inexistente derecho de navegación armada por el río San Juan.
Con justa razón y recelo el tema sobre el apoyo a dicha candidatura causó polémica en Nicaragua y fue tomado con mucha cautela por la Cancillería. Algunos pretendían que Nicaragua diera su apoyo a Rodríguez desde el inicio y otros que lo negara. Ambas posiciones tenían serios inconvenientes: la primera implicaba desconocer los antecedentes del doctor Rodríguez —muy frescos aún— quien inclusive amenazó a Nicaragua con denunciarla ante la CIJ de La Haya por el asunto del río San Juan, situación que podría repetirse estando él al frente de la OEA.
Respecto a la segunda posición, negarle el apoyo comprometía de alguna manera, las buenas relaciones de amistad y vecindad entre Nicaragua y Costa Rica, que habían dado un viraje notable desde la Declaración de Alajuela del 26 de septiembre del 2002. Cabe decir que nunca antes las relaciones entre ambos países y entre los presidentes Pacheco y Bolaños habían estado mejor, hasta que la sombra de Miguel Ángel Rodríguez se cruzó en el camino.
Obviamente, la decisión de apoyar a Rodríguez no podía ser tomada a la ligera, sino con prudencia, responsabilidad y tacto diplomático. La diplomacia nicaragüense debía tener presente lo que dice la carta de la OEA sobre las funciones del Secretario General, en sus artículos 118 y 119.
“En el cumplimiento de sus deberes, el Secretario General y el personal de la Secretaría no solicitarán ni recibirán instrucciones de ningún Gobierno ni de ninguna autoridad ajena a la Organización, y se abstendrán de actuar en forma alguna que sea incompatible con su condición de funcionarios internacionales responsables únicamente ante la Organización”. (Arto. 118)
“Los Estados miembros se comprometen a respetar la naturaleza exclusivamente internacional de las responsabilidades del Secretario General y del personal de la Secretaría General y a no tratar de influir sobre ellos en el desempeño de sus funciones”. (Arto. 119)
Tras ponderar todas estas consideraciones en torno a la candidatura de Rodríguez y precisar claramente su posición, Nicaragua anunció en San Salvador su respaldo a Rodríguez para ocupar el alto cargo de la OEA, luego de su Asamblea General a celebrarse en Ecuador del 6 al 8 de junio próximo.
La actitud adoptada por Nicaragua ante esta candidatura ha sido la más conveniente. Fue este aspecto fundamental, vinculado a la soberanía nacional, el que hizo necesario que la política exterior se manejara con serenidad y prudencia, a fin de dejar claro que la Secretaría General de la OEA es un instrumento al servicio de los intereses hemisféricos y colectivos de la organización y que jamás podrá ni debe ser impulsada para lograr ventajas sobre el río San Juan.
En ese sentido, la estrategia de Nicaragua de hacer valer su voto en apoyo a la candidatura del ex Presidente costarricense a la Secretaría General de la OEA, ha sido un mensaje contundente, encaminado a dejar establecido con claridad meridiana que ese cargo no puede ser utilizado para fines nacionales, ni para sustentar posiciones personales.
El accionar de la diplomacia nicaragüense también deja claro que la demora de Nicaragua no se trataba de una cuestión con Costa Rica, sino particularmente con su candidato. Nicaragua ha apoyado las candidaturas presentadas por Costa Rica en varias ocasiones. En el 2001 le dio su apoyo cuando menos en tres ocasiones para ocupar cargos en organismos internacionales. Igualmente en el 2002, 2003 y se lo continúa dando en lo que va del 2004.
En conclusión puedo decir que la política exterior de Nicaragua actuó con madurez y celo patriótico frente a la candidatura del ex Presidente tico, tomando en cuenta aspectos medulares, y que al final logró darle un claro mensaje al doctor Miguel Ángel Rodríguez, en el sentido que la Secretaría General de la OEA es un instrumento al servicio de sus Estados miembros, entre los que se incluye Nicaragua, y que no podrá utilizarla en el ejercicio de su cargo en detrimento de nuestros derechos soberanos.
De esta forma Nicaragua logró exitosamente su objetivo: mandar un mensaje claro al doctor Miguel Ángel Rodríguez sin comprometer las relaciones bilaterales y sin exponer la soberanía nicaragüense.
El autor es historiador asociado