Eduardo Enríquez
La mayoría de la gente que ahora se llama “sociedad civil” está respirando aliviada porque ya la ratificación del Tratado de Libre Comercio entre Centroamérica y Estados Unidos (Cafta) no se va a dar este año en el congreso norteamericano. Y más aliviados están aún por las fuertes posibilidades de victoria del demócrata John Kerry en las elecciones presidenciales de noviembre. El Cafta claramente les da miedo.
Yo no los culpo. Que cinco “pepescas” como ha dicho el presidente Enrique Bolaños, entren a un tratado comercial con el país que representa el 30 por ciento del producto interno bruto mundial, es para que a cualquiera le dé miedo. Pero la alternativa, o sea, no hacer nada y seguir como estamos, da terror.
Ése debe ser el punto del análisis. Es fácil sentarse a desmenuzar el Cafta como si estuviera en un vacío y mencionar las cosas que causan resquemor y que están mal o potencialmente podrían estar mal con el tratado.
Pero un vacío, un ambiente estéril donde los analistas pueden estudiar las cosas a su antojo sólo se produce en los laboratorios. La vida real es otra cosa.
El jueves por la tarde, durante un foro sobre la inserción de la sociedad nicaragüense en el Cafta, unos señores que se adjudicaron la representación de “la sociedad civil” leyeron un documento en el cual instaban a la Asamblea Nacional de Nicaragua a “no ratificar” el tratado.
Sus argumentos son que la “dignidad y soberanía nacional” han sido lesionadas por supuestamente negociar a ciegas; que el tratado viola la Constitución —como que si nunca antes ha sido violada y parchada—; que pone en riesgo las áreas ambientalmente vulnerables —me imagino que ellos consideran que actualmente están protegidas—; que la economía independiente de Nicaragua colapsará porque todo vendrá de Estados Unidos —¿y con qué dinero les vamos a comprar sus productos si nos colapsan la economía?—; y que se eliminarán 585 mil empleos, aunque contradictoriamente aseguran que el Cafta va a convertir a Centroamérica en una inmensa maquila. No sé de dónde sacan la cifra, no dicen, pero supongo que para ellos actualmente no existe problema de desempleo.
Los argumentos pueden considerarse, lo que no puede considerarse es “rechazar el tratado” y no puede considerarse simplemente porque estos señores no ofrecen alternativa.
La globalización no es algo aislado, es la tendencia mundial. Que podemos ser arrasados por la economía norteamericana, es cierto, para llegar a esa conclusión no se necesita ser genio. Es como comparar un portaaviones con un triciclo. Pero dado la insignificancia de sus economías, Centroamérica, y mucho menos Nicaragua, no pueden darse el lujo de mantenerse al margen.
Nicaragua, por muy débil que sea su economía, siempre va a tener algo que ofrecer a Estados Unidos, y ellos, por muy fuerte que sean, siempre va a tener interés en algo, la clave es encontrar los nichos. Claro, como sociedad debemos poner todo nuestro empeño en crear una cultura de desarrollo y capacitar a la gente para hacer cosas útiles, que tengan demanda, que generen riqueza.
Tenemos derecho a tener miedo al Cafta, pero no hacer nada da terror.