Cuando abriste la puerta de aquel recinto vi tu cara pálida tus ojos tristes la mano entreabierta como pidiendo un mendrugo o centavos… aunque fueren cinco. Quizás hoy no le distes a tus hijos el desayuno y tu mujer llorando sabía otro día no habría que comer, ni trabajo, ni sabías qué hacer. El día es duro —dijiste— los corazones más y llegaste hasta llorar, vi subir tu mirada al cielo y en un suspiro largo y quedo, rezaste una oración. Tus ojos recobraron el color y suspirando con sollozos sentiste su amor Y es que el alma de los pobres se alimenta cada día Jesús les acompaña, Dios les guía.

La esperanza de un mendigo   Afrika Paz La esperanza de un mendigo   Afrika Paz Cuando abriste la puerta de aquel recinto vi tu cara pálida tus ojos tristes la mano entreabierta como pidiendo un mendrugo o centavos… aunque fueren cinco. Quizás hoy no le distes a tus hijos el desayuno y tu mujer […]

La esperanza de un mendigo

 

Afrika Paz



La esperanza de un mendigo


 



Afrika Paz



Cuando abriste

la puerta

de aquel recinto

vi tu cara pálida

tus ojos tristes

la mano entreabierta

como pidiendo

un mendrugo

o centavos…

aunque fueren cinco.

Quizás hoy

no le distes

a tus hijos el desayuno

y tu mujer llorando

sabía otro día

no habría que comer,

ni trabajo, ni sabías

qué hacer.

El día es duro

—dijiste—

los corazones más

y llegaste hasta llorar,

vi subir tu mirada al cielo

y en un suspiro largo

y quedo, rezaste una oración.

Tus ojos recobraron

el color

y suspirando

con sollozos

sentiste su amor

Y es que el

alma de los pobres

se alimenta cada día

Jesús les acompaña,

Dios les guía.

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