El Parque Nacional Volcán Masaya

Justo Pastor Ramos

El 24 de mayo recién pasado, ante la prestancia del albo sacuanjoche se realizó un acto conmemorativo celebrando los 25 años del decreto oficial que declaró al Volcán Masaya Parque Nacional, cuyo antecedente histórico lo constituye la descripción que revela la impresión que en su momento causó al conquistador y luego a otros visitantes, este ardiente y maravilloso volcán.

Ese acto, que estuvo organizado por la directora del parque, licenciada Nidia Cuarezma Terán y presidido por el señor Ministro del Marena, asistieron connotadas personalidades del mundo ambientalista, del Benemérito Cuerpo de Bomberos, Ejército y Policía Nacional, oportunidad que tuvimos para conversar y conocer a la vez, el entusiasmo y la buena voluntad que prevalece siempre en el ánimo de sus fundadores para hacer de este parque un espacio interesante que por siempre preserve, además de su insinuante paisaje cósmico, todos los elementos que lo componen geológicos, hidrológicos y biológicos que conforman el vínculo hombre-naturaleza en cuanto al disfrute estético de su belleza escénica.

Fue muy grato compartir este histórico acontecimiento con sus fundadores principales: doctor Jaime Incer Barquero, ingeniero Claudio Gutiérrez Huete y doctor Mario Alonso, actual presidente del Banco Central de Nicaragua, así como con otras personalidades que también han sido pioneros de este inclaudicable proyecto cuyo inicio tiene lugar con el Seminario para el establecimiento y manejo del Parque Nacional Volcán Masaya (PNVM), realizado en la Universidad Centroamericana del 8 al 21 de febrero de 1975 bajo la dirección del doctor Jaime Incer Barquero, la supervisión del ingeniero Claudio Gutiérrez Huete y la participación de los ingenieros Franco Peñalba y Cristóbal Úbeda, del geólogo Julio Garayar, el biólogo Ramiro Guerrero, el recordado agrónomo y botánico Juan Bautista Salas, el arquitecto José Guido, por entonces Viceministro de Planificación Urbana, la botánica Valery Dryer, Richard Uberagau, Tony Kon, Bruce Meco Alaim Creusot-Eon y Kyran D. Thelen del Programa de Manejo de Áreas Silvestres y Conservación del Medio Ambiente de la FAO/PNUD, así como de los alumnos del segundo año de la Escuela de Biología y Recursos Naturales de la Universidad Centro Americana del año lectivo 1974-1975.

En este seminario se formuló el Plan Maestro que habría de dar lugar al “ambicioso proyecto del PNVM”, como le llamó el doctor Jaime Incer Barquero y sobre el que se verían como una hermosa realidad los primeros resultados en el año de 1976.

Hoy después de 28 años de realizaciones es grato recordar y hablar sobre la importancia que cada día representa este recurso natural donde en tiempos pasados recorrió sus pedregosos prados el guerrero de bruñido yelmo; como en su bosque seco tropical hoy como ayer desfloran majestuosas las flores en el ámbito multicolor del jardín florecido del cacique de Tenderí.

Así el Parque Nacional Volcán Masaya es un recurso trascendente dentro de las Áreas Protegidas y los Recursos Naturales que se manifiesta con sus valores históricos escénicos, científicos y educativos, los cuales constituyen un conjunto de importante significación para la explotación recreativa, la investigación y la cultura, sin olvidar las factibilidades turísticas de la región.

Razón especial y muy necesaria para solicitarle al Gobierno Central, a los Gobiernos Municipales circunvecinos, a los organismos internacionales interesados en este proyecto a impulsar de inmediato la restauración de su actual infraestructura, prioritariamente; el revestimiento de la carretera interna que conduce a los miradores del cráter, restablecer el Sendero de los Coyotes que conecta al parque con la laguna, así como rehabilitar los miradores del cráter San Fernando; reacondicionar las oficinas administrativas, el auditorio, el museo y las áreas de picnic; el señalamiento vial y de lugares, mediante una rotulación propia, entre otros.

Finalmente no hay que olvidar que el PNVM es un bello y apasionante paisaje alzado divinamente sobre un manto azabache, vestido de una lujuriosa vegetación tropical que cautiva la imaginación humana; un complejo volcánico único, interesante; un museo natural de la historia geológica que cual mito o maravilla de las leyendas ígneas vive en nuestra cotidianidad; esplendoroso, desafiante y continuo con el fragor de su fumarola que se esparce cual humo de incienso entre la catedral de la naturaleza.

El autor es historiador
[email protected]

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí