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Los viajes del Presidente
Al presidente Enrique Bolaños se le critica mucho porque viaja con demasiada frecuencia al exterior. Y no sólo los políticos de la oposición y los agitadores sociales se quejan de que el Presidente de la República se va del país en vez de quedarse a atender personalmente sus demandas, sino que hasta el Vicepresidente de la República hace coro con aquéllos y propone que el Presidente sólo pueda viajar con permiso de la Asamblea Nacional y sea obligado a rendir cuentas detalladas de sus viajes.
En los dos primeros años de su gobierno (2002-2003) el presidente Bolaños hizo 46 viajes al extranjero. Sin duda que son bastantes, aunque según él muy beneficiosos para el país por la ayuda y las inversiones que ha conseguido. Debe ser, sin embargo se debería mantener informado al público, en detalle, de cuáles son realmente los costos y beneficios que tienen para el país los viajes presidenciales.
Por cierto que la percepción de que los gobernantes aprovechan el poder y los recursos del Estado para hacer gratuitamente turismo de lujo por todas partes del mundo, es internacional, pero sobre todo en los países atrasados y pobres como Nicaragua. Y al desmedido afán viajero de ciertos gobernantes se le conoce como “síndrome de Marco Polo”, por asociación con el famoso viajero, aventurero y comerciante veneciano de finales del siglo XIII y principios del XIV.
En realidad no es malo que los presidentes viajen al extranjero. Inclusive es necesario que lo hagan y forma parte de sus responsabilidades como representantes de la nación y gestores principales de beneficios para sus países, por medio de las relaciones internacionales, económicas y diplomáticas. A veces es necesario hasta ir a un país para asistir a una ceremonia que para nuestros patrones culturales puede parecer cursi, como por ejemplo una fastuosa boda real, pero es preciso hacerlo para no desairar a quien ha ayudado generosamente al pueblo nicaragüense.
Hay que señalar, por otro lado, que en términos generales los viajes presidenciales son fastidiosos y estresantes, debido a las extensas e intensas agendas oficiales que hay que cumplir y por la imposibilidad de moverse con libertad, como lo hacen las personas comunes y corrientes que sí disfrutan de diversas maneras sus viajes fuera del país.
En todo caso, lo malo es abusar con los viajes al extranjero a costa del presupuesto nacional. Y sobre todo es condenable la exageración de ciertos gobernantes que viajan con inútiles pero numerosas y muy costosas comitivas, sólo para satisfacer su megalomanía.
Al respecto, y a propósito de la reciente cumbre Europa-América Latina y el Caribe que se celebró en Guadalajara, México, un columnista del diario estadounidense en español, El Nuevo Herald, formuló la teoría de que “la prosperidad de los países es inversamente proporcional al tamaño de sus delegaciones en estas cumbres internacionales”. Y subrayó como ejemplo al presidente venezolano, Hugo Chávez, “un autoproclamado “revolucionario” que logró destruir la economía de su país y crear 2.5 millones de nuevos pobres en los últimos cuatro años, encabezó de lejos la delegación más numerosa en la cumbre. Tenía 198 personas”.
Afortunadamente para el prestigio de Nicaragua, el presidente Bolaños llevó a Guadalajara un séquito de sólo cinco personas, según la información que obtuvimos. La verdad es que suficiente mala fama ha tenido el país por las enormes comitivas que acompañaban a los comandantes de la revolución en la época del régimen sandinista; así como también al ex Presidente Arnoldo Alemán, quien, por ejemplo, en su viaje a Estocolmo en 1999 se hizo acompañar por una corte de 60 personas, sin incluir a su novia y acompañantes que “coincidieron” con él en la capital sueca.
En fin, la oficina presidencial debería informar a la población sobre los costos y beneficios que representa para el país cada viaje del Presidente. Y sobre todo es necesario que se informe acerca de los frecuentes viajes al exterior de ministros, viceministros, secretarios, directores, diputados, magistrados, etc. Pues aunque los viajes del Presidente son los notorios, por razones obvias, la mayor parte del abuso de viajar por cualquier parte del mundo a expensas del erario, lo cometen los funcionarios públicos antes mencionados.