Luis Sánchez S
Heracles (quien durante su infancia era llamado Alcides, por su ascendencia de Alceo, el hijo de Andrómeda y Perseo que al morir fueron convertidos por los dioses en las constelaciones que llevan sus nombres) pasó los primeros años de su vida preparándose para el cumplimiento de las grandes hazañas a las que estaba predestinado.
Eurito, nieto de Apolo y rey de Escalia –quien era el campeón de los arqueros y se ufanaba tanto de eso que ofreció entregar a su hija Iola a quien fuera capaz de vencerlo–, le enseñó a Alcides el manejo del arco. (Otra versión indica que quien enseñó tal destreza a Alcides fue Radamanto, de quien hablaré más adelante).
Castor, hermano mortal de Pólux y por lo tanto uno de los hijos gemelos de Leda –la deslumbrante hembra que fue poseída por Zeus transformado en cisne–, instruyó al héroe en el manejo de la espada, la lanza y la maza.
Autolico, hijo de Hermes –de quien aprendió a robar con la máxima maestría y para hacerlo podía transformarse en lo que quisiera–, le enseñó a Alcides a pelear con los puños, es decir, el pugilato.
Su padre mortal, Anfitrión, lo instruyó en la habilidad de conducir los carros de combate, en lo cual llegó a ser el mejor del mundo.
Lino le enseñó a Alcides a tocar la lira y cantar. No está claro si este Lino era el hijo de Calíope, la Musa de la poesía épica, y por lo tanto hermano de Orfeo, que como se sabe era el más virtuoso de todos los músicos del Cielo y la Tierra. Y se cuenta que Lino ejecutaba la lira y cantaba de manera tan maravillosa que provocó la envidia a su propio padre, Apolo, quien le causó la muerte por eso.
En otra versión sobre la infancia de Heracles o Alcides, se dice que su preceptor musical no fue el hijo de Calíope, sino un instructor de extrema severidad que castigaba con frecuencia a su pupilo, tanto que un día éste le arrebató la lira y lo mató golpeándolo con ella en la cabeza.
Entonces Alcides, quien era ya adolescente, fue acusado de homicidio ante un tribunal (pues entonces no había Código de la Niñez y la Adolescencia que permitiera a los menores de edad cometer crímenes sin tener que pagar por ellos ante la justicia, como ahora). Sin embargo el acusado invocó en su favor una sentencia que había dictado antes Radamanto –el hijo de Zeus y de Europa–, acerca de que matar en defensa propia no ameritaba castigo.
(Por su gran sabiduría y sentido de equidad, Radamanto fue nombrado juez de Creta por el rey Minos, su hermano. Él fue quien redactó los códigos cretenses y al morir los dioses lo designaron juez de los muertos en el infierno, que para los griegos era simplemente el mundo de los difuntos y no el lugar de castigo eterno para las almas pecadoras, como en la creencia cristiana).
De manera que Alcides fue absuelto por el tribunal y poco tiempo después, al alcanzar la edad de 18 años realizó su tercera gran hazaña: matar al gigantesco león del monte Citerón que aterrorizaba a la gente de Tespias, en Beocia, cerca de Tebas.
Después Alcides fue a Delfos a consultar al oráculo, el que le dijo que debía cambiarse el nombre de Alcides por Heracles (o sea: Gloria de Hera), y además lo mandó a donde Euristeo para que éste le encomendara las doce tareas que le harían famoso para siempre.