Las encuestas de opinión

Edmundo Dávila [email protected]

Hace algunos días, una renombrada firma de consultores divulgó los resultados de su última encuesta de opinión pública realizada en el país, la cual reveló, como era de esperarse, lo evidente, lo claro, lo conocido por todos, la inconformidad general del pueblo de Nicaragua con los distintos poderes del Estado.

Entre otras cosas, la mencionada encuesta mostró que tanto el Consejo Supremo Electoral (CSE), como la Corte Suprema de Justicia (CSJ) fueron “aplazados” por los encuestados. Asimismo, casi la mitad de éstos desaprobó el trabajo de los diputados y una cantidad parecida señaló que la confianza en el presidente Bolaños había descendido en varios puntos porcentuales, en relación a una encuesta anterior realizada por la misma empresa consultora. Hasta se llegó a preguntar a los encuestados que a cuál de los últimos cinco presidentes de Nicaragua, incluyendo Bolaños, le consideraban “mejor estadista”.

Los resultados de la encuesta fueron obvios: nadie aprobó el “examen ciudadano” ya que no es posible imaginarse que el pueblo de Nicaragua esté conforme con un CSE y una CSJ totalmente politizados y donde el desorden, la irresponsabilidad y la anarquía han reinado antes y después de la elección de sus respectivos magistrados.

De igual manera, es absurdo pensar que alguien pueda tener una opinión favorable de noventa y dos legisladores que por vivir en constante pugna, lo que menos hacen es crear leyes que favorezcan a las clases populares más desprotegidas, y que sólo velan por su beneficio personal y el de sus partidos políticos. Tampoco puede creerse que fueran del agrado de los encuestados, “padres de la Patria” que devengan sueldos que algunos nunca soñaron, que tienen asignadas enormes cuotas de combustible y, por si fuera poco, dispone cada uno de un fondo discrecional de más de veinticinco mil dólares anuales, del que no rinden cuentas a nadie, mientras el país se hunde cada día más en la pobreza y la desocupación galopantes.

Era lógico también creer que la popularidad que el ingeniero Enrique Bolaños pudo haber tenido hace meses se haya visto reducida considerablemente, producto según la encuesta del incumplimiento de sus promesas electorales. Valga agregar que es prácticamente imposible para cualquier mandatario cumplir con lo prometido en su campaña electoral, si detrás suyo siempre hay una oposición destructiva que genera discordia e inestabilidad, bloqueando el desarrollo del país, trastornando la gestión presidencial y deteriorando aún más la imagen de Nicaragua ante la comunidad internacional.

No deja de causar alguna gracia que se le haya preguntado a los encuestados que a cuál de los últimos cinco Presidentes de Nicaragua, incluyendo Bolaños, consideraban mejor estadista. ¿Le interesa a alguien conocer esta opinión que nada aporta al conocimiento popular? Definitivamente hay cosas más útiles e importantes que podrían preguntarse.

Pretendo llegar con esta exposición al hecho de que las encuestas de opinión públicas serán más interesantes y provechosas para la población en la medida que den a conocer comportamientos y tendencias que para la mayoría de la gente no es posible captar a simple vista.

¿Por qué no se hizo, por ejemplo, una lista de posibles soluciones al vergonzoso problema del CSE y la CSJ, y que los encuestados seleccionaran la de su preferencia? E igualmente con el caso de los salarios y prebendas de los diputados. ¿De qué sirve conocer los puntos porcentuales en que ha disminuido la popularidad del presidente Bolaños? ¿No hubiera sido más pertinente preguntar a los encuestados sobre las posibles causas por las cuales don Enrique y los presidentes anteriores no han podido cumplir con sus promesas electorales? Conocer la opinión de los nicaragüenses en los aspectos antes mencionados seguramente hubiera sido mucho más provechoso.

Sin lugar a dudas, los resultados de las encuestas de opinión pública sólo se justifican cuando a través de ellas se llega a conclusiones razonables y satisfactorias. Las firmas encuestadoras deberían diseñar cuestionarios más adaptados a las circunstancias, proporcionar mayor información técnica, como tamaño de la muestra, metodología de muestreo, etc., para que las personas que conocen de estadística puedan juzgar si los métodos empleados son los más adecuados para obtener el tipo de información que se pretende analizar.

“El valor de las cosas es su utilidad” decía el gran filósofo español Jaime Balmes. Ojalá que los estudios que se hagan al respecto en el futuro sean de mayor beneficio, no sólo para las empresas que los realicen, ni para sus contratantes, sino principalmente para el pueblo de Nicaragua.

El autor es ingeniero en Sistemas de Información, MBA

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí