Angélica Martínez R.*
El turismo con sus nuevos apellidos: de aventura, agrícola, científico, ecoturismo, es una gran fuente de ingresos para países como Nicaragua, que le sobran lugares para explotar.
El año pasado, según datos de Intur, el turismo generó 5 mil 635 empleos directos e indirectos en el primer trimestre. A ese dato hay que agregar los ingresos que perciben los vendedores de artesanías, los ambulantes o los pequeños comercios. La conclusión: definitivamente el turismo es nuestro futuro.
Si se toma el ejemplo de México, donde solamente el turismo cultural generó 5 mil millones de dólares, lo cual representa el 7 por ciento del consumo turístico total del país, según declaraciones del subsecretario de Planeación Turística de la Secretaría de Turismo, Francisco Madrid Flores, lo que queda por decir es: ¿qué estamos esperando?
Pero ¡ojo! Ahí vienen los peligros. Durante el primer trimestre del 2003 según Intur visitaron Nicaragua 384 mil 301 turistas. En el supuesto de que cada uno de ellos haya gastado durante su estadía un promedio de 100 dólares, hablamos de que sólo en el primer trimestre del 2003 al país le quedó una ganancia de 38 millones 430 mil 100 dólares. Multipliquemos esa cantidad por cuatro trimestres del año: nada mal.
Sin embargo, en Nicaragua hay una malísima costumbre: todo se quiere sin hacer ningún esfuerzo. Tiene que haber conciencia de que los recursos no son eternos y menos si no se les cuida. Además, quien se interese por meterse en estos berenjenales por lo menos debe asegurarse de que los turistas que vienen atraídos por la novedad, quieran regresar. Porque les tengo noticias: hay turistas más exigentes que otros. Veámoslo de cerca.
En orden estadístico nuestros vecinos de Centroamérica hasta Panamá ocuparon el primer lugar de visitas con 58.5 por ciento, es decir, 224 mil 954 turistas. Aunque al menos la mitad de ese número corresponde a comerciantes y nicaragüenses nacionalizados en esos países que vienen a visitar a sus familiares, según las oficinas de Migración ubicadas en los diferentes puertos.
Estados Unidos, México y Canadá obtuvieron el segundo lugar en el mismo período con 26.8 por ciento o 103 mil 287 turistas. El tercer lugar fue para Europa, con 7.8 por ciento del ingreso total de turistas, unas 30 mil 354 personas. El 6.6 por ciento restante fue para turistas del resto del mundo.
Según la opinión de algunos guías turísticos de diferentes tour operadoras nacionales, el turista más difícil de complacer es el europeo, porque se preocupa por estudiar antes el lugar al que va a viajar. Como nota adicional hay que mencionar que en promedio el turista europeo es el que más dinero gasta. Todas estas cantidades sumadas dan un gran total de 384 mil 301 turistas, once por ciento más que en el mismo período del año anterior.
A estos datos hay que anexar la creación de la Ley General de Incentivos para la Industria Turística de la República de Nicaragua (Ley No. 306), con la cual se abre un gigantesco nicho de mercado para aquellos inversionistas nacionales cansados de lidiar con impuestos, bancos y la misma competencia.
La ley brinda incentivos en forma de créditos fiscales, exoneraciones y concesiones al sector privado de terrenos públicos. En este sentido se vuelve uno de los sectores con mayores ventajas del país y que generan mayores ingresos a la economía después del café, la carne y la pesca. No en balde ya figura entre los primeros lugares de las actividades económicas que generan ingresos, a través del servicio.
No obstante estas magníficas cifras y los puntos económicos que se ganan con el turismo, debe privar la conservación de la naturaleza. No me estoy poniendo en el plan de los ambientalistas radicales ni estoy diciendo que no se haga. ¡Claro que se debe hacer!, y se puede. Lo que digo es que debemos evitar el error de sacrificar una cosa por otra. Basta ya con lo que está pasando con Tiscapa, ese es un buen ejemplo (o malo, según se vea) de lo que pasaría con un turismo mal orientado.
¿De qué valdrían los millones en inversión y los millones generados si al final se dejará una planicie desflorada –a la que nadie querría volver– donde antes había un hermoso paisaje? El ecoturismo no es construir un hotel con madera y materiales del lugar. No. Se trata de saber disfrutar de la naturaleza y patrimonios históricos sin echarlos a perder.
* La autora es periodista de LA PRENSA.