Alfonso Efraim Castellón Ayó[email protected]
Uso esta expresión traducida del inglés “politicking”, que en el Gran Diccionario Inglés Español de LA PRENSA significa: politiqueo (no la encontré en Larousse) tomada de un artículo de Newsweek titulado: La última palabra, de Hernando de Soto.
Hablar de política no es el tema central de este famoso economista peruano. Diría más bien, que este personaje de quien se dice ha asesorado a más de 20 jefes de Estado, desde Rusia hasta México, inspira como para hacer ciertas reflexiones sobre su opinión que podría calzar y de hecho cae como anillo al dedo en nuestro país.
Dice Hernando de Soto: “En Latinoamérica existe mucho politiqueo, que hace creer como que tenemos democracia. Pero realmente la participación de la gente no existe”. Traducido del inglés se siente un poco más fuerte. En realidad la aseveración desde su óptica es muy valedera: de que la famosa democracia que tanto pregonamos y defendemos, no es como pensamos.
Para explicar su posición, de Soto expresa que supuestamente en la democracia, si la mayoría de las personas son pobres, ellas deberían sentar los criterios de lo que deberá hacerse. (Tiene mucha lógica). Pero los mecanismos que esta gente permite para decidir dónde va el dinero (de los impuestos), no están siendo fijados en la forma correcta, en especial para los países del Tercer Mundo. Porque se eligen gobernantes autoritarios.
Que el dinero se emplea caprichosamente conforme a los grandes intereses, como dispongan los que financiaron la campaña o los partidos políticos (triste realidad). No hay manera de escuchar las voces de los votantes (la mayoría pobre) sino durante el día de las elecciones.
Interesante lo que expresa este famoso economista. Y más aún, lo que recomienda. Nicaragua, por falta de visión de sus gobernantes, vive esta realidad. La recomendación que este hombre estudioso, laureado, con premios como el recibido recientemente, Milton Friedman, da a los gobiernos es: 1.- Garantizar los títulos de propiedad de tierras (seguridad jurídica para la propiedad privada) y 2.- Permisos de negocios para liberar al capital humano atrapado en la miseria (pequeñas empresas).
Nicaragua hace 29 años creó por Ley el Instituto de Bienestar Campesino, el cual cumplía a cabalidad las recomendaciones del economista peruano. Éste funcionó hasta el año 1979. Pero el país sucumbió en esa fecha ante los ojos del mundo, cayendo en un letargo que nos retrocedió 50 años. Como consecuencia de la famosa revolución fallida y por la falta de valores morales, proscripción de los principios económicos occidentales y la lucha de clases en su más refinado nivel.
El Gobierno de Nicaragua debería contratar a Hernando de Soto, quien es una de las cien personas más importantes que están ayudando a cambiar nuestro extraño mundo, como diría Norman Mailer.
Y esta asesoría saldría más barata que los gastos ocasionados por dos años que se tomó el gabinete económico con su economista de lujo para producir el Plan Nacional de Desarrollo (extraído en gran parte de los archivos de la Unidad de Análisis Sectorial, oficina adscrita al Ministerio de Agricultura de los años setenta).
Si no hay seguridad jurídica, títulos de propiedad saneados y asistencia financiera para los más infelices (campesinos) continuaremos en el subdesarrollo. ¡Simple!
El autor es abogado y notario.