Fabián Medina
APRENDICES DE VERDUGOS
Aunque me asqueen, no me sorprenden las vejaciones que cometen soldados norteamericanos en cárceles de Irak y que conocimos a través de fotos que se han hecho públicas. Sin querer justificarlas, porque no cabe, en las guerras pasan esas monstruosidades. La diferencia ahora es que pudimos conocerlas. Y resulta difícil entender cómo es posible que soldados como éstos hayan dejado tanta evidencia regada por el mundo. Los verdugos no se toman fotos. Al contrario, trabajan encapuchados. Entonces, ¿fue soberbia o novatada?
¿TIEMPO PARA TORTURAR?
El propio Gobierno de Estados Unidos, que ahora luce escandalizado, hizo o hace cosas parecidas en Guantánamo con los talibanes de Afganistán. Los prisioneros son tratados sin ninguna atención a las convenciones internacionales y según algunas fotos tomadas furtivamente se les podía ver encapuchados, atados de pies y manos, en posición de tortura, tostándose bajo el sol durante horas. Hubo un tiempo en que Estados Unidos pudo torturar con bastante impunidad. Ese tiempo, por suerte, se acabó.
EN EL COLEGIO
Y es que el lado perverso de los humanos puede aflorar en cualquier persona, momento y lugar. Ayer mismo una profesora del Colegio Centroamérica decidió castigar a un niño que bostezaba en su clase de una forma muy particular. Hizo una bola de papel y la colocó en una silla. Luego pidió al niño que se sentara en cuclillas sobre la pelota y encima de la silla, que aleteara con los brazos y cacareara como gallina. Demás está decir que el niño fue la burla del grupo de clases, y es posible que el escarnio lo persiga durante mucho tiempo. ¿Cómo puede la humillación pública ser un método de reprimenda en un colegio con la reputación del Centroamérica? ¿No había pasado a la historia poner a los niños en la esquina con unas orejas de burro en la cabeza? Aquí no hubo foto de la profesora sonriente levantando el pulgar para la cámara a la par del niño-gallina…
LECCIÓN
Hay que aprender del ejemplo danés. Encargaron una carretera, la carretera se hizo y quedó mala. Ahora demandan en una corte a la empresa responsable y vuelven a construir la carretera. Así deben funcionar las cosas. En Nicaragua lo hacemos todo al revés. Se tiene el dinero para una obra, viene la licitación, se favorece a una empresa. Aquella empresa sabe que los dueños no le van a poner mucha mente a lo que haga porque son amigos o hay coima de por medio. Resulta una chapucería, y en vez de demandarlos para que hagan las cosas bien, el dueño, en este caso el Estado, sale defendiéndolos a capa y espada. Por eso sólo para atrás caminamos.
COMPROMISO
Por ejemplo, ¿por qué no vemos al Ministro de Transporte cuidando que Hispánica, la empresa que construye la ampliación de la carretera a Masaya, haga la obra con la calidad y al precio que se comprometió? Que no calculó algunos costos, que se encareció tal material… Ése es un problema de la empresa. Ella dijo que podía hacer tal carretera por tal precio. Que la haga. Y si le toca perder, pues que pierda. Ésas son las leyes del mercado.