Ética y los desafíos del presente

Guillermo Rothschuh Villanueva

Es mejor saber cosas inútiles que no saber nada.
Séneca

Durante los últimos años el tema de la ética ha venido a ocupar un lugar central en todo el quehacer humano. Su presencia avasallante obedece a la preocupación compartida por distintos sectores y al urgente reclamo que se hacen desde diferentes disciplinas, ante el avance incontenible del mercado, como único referente desde el que se mide y evalúa todo cuanto hacen o dejan de hacer los seres humanos en este temprano siglo XXI.

El regreso a la ética, obedece también a las transformaciones que ha experimentado el mundo, como resultado de la revolución científico-técnica que ha venido a plantear nuevos retos y desafíos a la existencia humana, siendo los más provocadores y excitantes los cambios producidos por la biotecnología y la ingeniería genética, al develar todo cuando se sabía e ignoraba sobre el genoma humano.

En esta encrucijada, la presencia de la ética aparece como una especie de salvaguarda para evitar desenfrenos que metan a la especie humana en callejones sin salida o viajes sin retorno. A partir del siglo XVIII la ética apareció como el muro de contención frente a los excesos de la ciencia, que ya desde entonces se vislumbraban en el horizonte. Los enciclopedistas Diderot y Rousseau establecen con claridad que “lejos de someterse a la ciencia, la ética tendrá por tarea evaluar el trabajo del sabio”. Desde mediados del siglo XX este compromiso se renueva y la ética es llamada a contener los despropósitos cometidos, ante el irrefrenable apetito de someter a prueba y escudriñar los orígenes de la especie humana y como una manera de evitar la política de tierra arrasada del actual modo de producción capitalista: contaminación de aguas, desertificación, deforestación, contaminación del aire y ruptura de la capa de ozono.

En su intento por convertir en mercancía todo lo existente, los apologistas del mercado nos han precipitado al vacío. En su gula por apropiarse y consumir sin empacho todo cuanto existe sobre la tierra no queda otra alternativa que oponer a la ética como un último recurso contra el afán depredador del ser humano. Una humanidad extraviada que consume 18 mil millones anuales en maquillajes, cuando apenas se necesitan 12 mil millones para cubrir las metas reproductivas de todas las mujeres del orbe, tiene que ser objeto de críticas y reproches. Una prueba más de que la última especie que apareció sobre la tierra es la primera en causar todo el malestar y desasosiego que hoy aflige a la humanidad.

Desde una perspectiva más limitada, pero de igual significación, la ética se ha convertido en una acompañante, molesta para muchos, de la actuación de los seres humanos en distintos campos y disciplinas. Uno de los riesgos a evitar es que la ética no pase de ser una moda a la que hay que adscribirse pero cuyas recomendaciones no deberían asumirse al pie de la letra. Bastaría con prescribir algunos enunciados sin el propósito de asumirlos con rigor, como lo demanda el momento histórico que nos corresponde vivir. Hoy más que nunca cobra sentido la expresión de Franz Fanon de que a cada generación humana le corresponde asumir los desafíos del momento o traicionarlos. En un acto de consecuencia la Asociación de Cronistas Deportivos de Nicaragua (ACDN) ha decidido suscribir como aspecto medular del proceso de formación académica de sus miembros el tema de la ética como parte sustancial de su labor profesional. ¡Esperemos resultados!

El autor es decano de la Facultad de Ciencias de la Comunicación.

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