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Quema en el bosque, y en Inafor
La noticia con respecto al Instituto Nacional Forestal (Inafor) es que los empleados no reciben sus sueldos desde hace dos meses, no el hecho de que en lo que va de este año se han reducido los incendios forestales en un noventa por ciento, respecto al mismo período del año pasado, lo cual sin duda es relevante y digno de encomio.
Pero es lógico que la falta de pago a los empleados de esa institución sea más noticiosa que las acciones que realiza en el ámbito de sus competencias. Los trabajadores, de cualquier categoría, viven de su salario y la falta de éste repercute gravemente en sus hogares.
La explicación del Director Ejecutivo de Inafor, Indalecio Rodríguez, es que con la nueva Ley Forestal “los fondos que (la institución) recibía por servicios prestados tienen que pasar a una cuenta única administrada por el Ministerio de Hacienda, quien todavía no los desembolsa para hacer los correspondientes pagos” (LA PRENSA, viernes 16 de abril del 2004). Eso explica la situación pero no resuelve el problema de los empleados del Inafor.
En realidad, lo que pasa es que el Inafor quedó prácticamente sin asignación presupuestaria, sólo con ingresos por servicios prestados, pero éstos tienen que recibirlos por medio del Ministerio de Hacienda, que no se los ha entregado. De manera que aunque el Inafor necesita unos dos millones de dólares para poder ejecutar su plan operativo anual, de hecho no tiene ni para pagar los sueldos de los empleados.
Parece un milagro, en verdad, que —según información que nos dieron el Director Ejecutivo y otros funcionarios del Inafor durante una visita que hicieron el jueves de esta semana al Consejo Editorial de LA PRENSA— la cantidad de incendios forestales se redujera casi totalmente, entre enero y marzo de este año, en comparación con el mismo lapso del ano pasado. Por ejemplo, mientras entre enero y marzo del 2003 ocurrieron un total de 10,754 incendios forestales en los municipios neosegovianos de Macuelizo, Jalapa, El Jícaro, Ciudad Antigua, San Fernando y Dipilto, en igual período de este año y en los mismos lugares sólo hubo 253 siniestros.
En realidad, el año pasado ocurrieron tantos incendios forestales, no sólo en Nicaragua y otros países donde suceden con frecuencia, sino también en estados desarrollados que tienen cultura forestal y un eficaz sistema preventivo, al grado de que se especuló con que muchos de ellos podían ser provocados por los terroristas musulmanes y sus simpatizantes, que están esparcidos en casi todos los países del mundo.
Y cabe preguntarse al respecto si este año el Inafor no tiene ni siquiera los pocos recursos que tenía el año pasado, ¿cómo es posible entonces que los incendios forestales hubieran disminuido tan dramáticamente?
Como sea, es una noticia muy buena y un hecho de gran interés y beneficio nacional que se reduzca de manera tan significativa el índice de incendios forestales. Pero no hay que confiarse. Según advierten los expertos en la materia, los días que quedan de ahora hasta que comiencen las lluvias, o sea en el próximo mes de mayo, son los más peligrosos y favorables a los incendios. Así lo demostró ya el extenso y voraz incendio forestal que estalló la semana pasada en San Fernando, departamento de Nueva Segovia, y consumió unas 2,500 manzanas de pinares. Y aunque fue rápidamente sofocado gracias a que la acción conjunta de las autoridades se favoreció con la lluvia que cayó sorpresivamente en esos días, el incendio se reactivó el jueves recién pasado.
Se sabe que en la actualidad los bosques ocupan sólo un 35 por ciento del territorio nicaragüense; que en los últimos cincuenta años fue destruido el 50 por ciento de los recursos forestales del país, más que en los 500 años anteriores, transcurridos desde la llegada de los españoles. Y si no se aplican medidas enérgicas y eficaces para contener la expansión de la frontera agrícola, el despale indiscriminado y sin reforestación, las quemas agrícolas y los incendios forestales, dentro de muy poco tiempo el país será inhabitable para los humanos.
Pero habría que comenzar por asignar al Inafor el presupuesto que necesita aunque sea para pagar los sueldos de sus empleados.