Angélica Martínez R.
Reportaje
¡Auxilio mi hermano es mi clon!
Por supuesto que no es agradable andar todo el tiempo pegado un espejo a tu espalda… pero qué hacer si tienes pies y además ¡es tu hermano! Quiere vestirse, hablar y hasta comer como vos. Conoce algunas historias y lo que debes hacer para vivir con ello
Angélica Martínez R.
Salís a la calle dispuesto a comerte al mundo, el día pinta maravilloso y en tu cabeza suena la música de Rocky… cuando en eso el disco se detiene bruscamente. Tu hermanito lo volvió a hacer. ¡Se vistió igual que vos y por si fuera poco se hizo un corte de pelo igualito al tuyo!
¿Qué hacer en ese momento?: ¿Despellejarlo vivo?, no, tus padres te harían lo mismo. ¿Mandarlo a Siberia?, pobrecitos los pingüinos, de seguro terminarían imitándolos también. Mejor dejémoslo ahí.
Para hallar la solución primero hay que conocer la raíz del problema. Según la licenciada Mercedes Tórrez Olivares, psicóloga del Instituto Liceo Franciscano, porcentualmente lo común no es que los hermanos quieran imitarse sino todo lo contrario, es más común el rechazo.
“Los seres humanos tenemos la tendencia a imitar, le pasa a los adultos mucho más a los adolescentes que están en la búsqueda de su propia personalidad. Necesitan ese refuerzo. El problema es cuando se imita lo negativo”, explicó Tórrez.
La especialista dijo que la imitación viene condicionada por dos causas: una relación dominante de parte de uno de los hermanos; o una sincera admiración por las cualidades de ese hermano. “Puede ser que quiera vestirse igual porque ve que así tiene éxito con las muchachas”.
Esto no ocurre de la misma forma con los padres debido a la brecha generacional que los separa. “Si la mamá le dice a la hija que se quite esa blusa porque le queda mal no le hará caso, pero si es la amiga de la escuela es la que se lo dice correrá a quitársela”.
¿Te suena esta canción? Veamos estos tres casos, para comprender mejor lo que dice la especialista.
CUANDO EL MENOR MANDA
Es raro, pero pasa. David Calero sólo tiene 17 años de edad y es dos años menor que su hermano Hermes. Pero gracias al enorme parecido físico la gente cree que son gemelos.
Sin embargo, la mayor diferencia se nota en su forma de ser. Mientras Hermes es más serio y reflexivo, David es el polo opuesto. Le gusta tomar la iniciativa en todo y es más impulsivo a la hora de actuar.
“Nos gusta parecernos y que nos confundan. Nos da risa. Incluso nos cortamos el pelo igual y tratamos de vernos parecidos a propósito. Tenemos un amigo que nos conoce desde que andábamos en pañales y todavía nos confunde”, comenta David.
Pero en esto como en todo hay un límite. “Una vez me pelee con Hermes porque se puso una ropa nueva que era mía, tal vez se la hubiera dado si me la pide. Lo que me molestó es que se la llevó a un paseo al Mombacho a escondidas mías. Pasé cuatro semanas sin hablarle por eso”.
Otra cosa que a David le molesta de su hermano es que imite su voz al contestar el teléfono. “A veces cuando me llaman él contesta como que soy yo y dice cosas que después me reclaman”.
Ambos son muy seguros e independientes, pero es notorio que el dominio lo ejerce David y Hermes no tiene objeciones al reconocerlo. “Él es más extrovertido que yo, creo que me gusta que sea así porque eso me quita presión como hermano mayor”.
Ambos son estudiantes del Colegio Calasanz en Managua.
“ÉL ES MI HÉROE”
En cambio para Juan Carlos Ozuna de 17 años y estudiante del Colegio Alemán Nicaragüense, su hermanito de 12 años a veces puede ser realmente molesto.
Juan Carlos cree que la actitud de Julio César se debe a que ya quiere sentirse grande. “Aunque él es más extrovertido de lo que yo era a su edad. No me molesta que ande conmigo y con mis amigos, pero quiero que sea él mismo. Todos los que nos conocen dicen que somos igualitos y me causa gracia, porque le encajaron minicopia”.
Algunas actitudes de Julio César son un calco de las de Juan Carlos. Por ejemplo, cuando Juan hace sus tareas tira todo el material sobre el piso. Julio hace lo mismo. “Pero hay veces que se pasa. Como la vez que íbamos para el colegio y al salir me fijé que llevábamos los mismos zapatos, el mismo color de pantalón y la misma camisa de los juegos centroamericanos del Colegio Alemán. Me disgusté, porque no fue casualidad, él se fijó que yo me la había puesto y corrió a ponerse la suya. Yo me la quité, él no”.
Por su parte Julio César, cree que sus actitudes no le molestan a su hermano. “No le veo nada malo, yo lo veo una buena persona, es un buen ejemplo —Juan Carlos se sonroja al escuchar las revelaciones de su hermano— no fuma ni nada por el estilo, es buen alumno y buen amigo. Él es mi héroe, porque es alguien digno de imitar”.
JUNTAS, NO REVUELTAS
En otros hogares, es importante que cada quien defina su personalidad y los hermanos en lugar de buscar cómo imitarse evitan por todos los medios parecerse. Como en el caso de Adriana Beer de 16 años y su hermanita María Fernanda de 11, estudiantes del Colegio Alemán Nicaragüense.
“Sí, siento que imita mis gestos en algunas ocasiones, pero tenemos personalidades diferentes. Además, es difícil que eso pase porque casi no compartimos tiempo. Me di cuenta de que me imita, porque en una ocasión una de sus amigas dijo en voz alta: ¡ala, tu hermana le hizo igualito que vos!”.
A pesar de que el parecido físico es muy grande, sus gustos son diametralmente opuestos. A Fernanda, por ejemplo, le gusta mucho la carne y la comida chatarra es su delirio. Adriana por el contrario, prefiere la comida vegetariana, toda la gastronomía nica y aventurarse de vez en cuando a probar algún platillo exótico. “Fernanda puede comer lo mismo todos los días siempre que sea carne”.
Por su parte Fernanda dice que le gusta cómo se viste su hermana, “pero quiero ser yo misma, tener mi propia personalidad. Me gustaría depilarme como ella, ir a fiestas, pero todavía estoy muy pequeña. Lo que sí hago es aprender de sus errores, cuando la regañan por algo yo sé que no debo hacer lo mismo”.
CÓMO LIDIAR CON EL PROBLEMA
Para saber cómo lidiar con tu hermanito sin lastimar sus sentimientos la licenciada Mercedes Tórrez Olivares, psicóloga del Instituto Liceo Franciscano, te da algunos consejos:
Primero hacele ver que aunque sean hermanos, ambos son total y absolutamente diferentes. Podés ponerle el ejemplo de los dedos de la mano que aunque están unidos ninguno es igual al otro.
Enfatizá en sus cualidades recalcando las diferencias entre las tuyas y las de él o ella.
Explicale que si te quiere imitar lo haga sólo con las cosas buenas, que no querés que le pase lo mismo que te pasó a vos, por ejemplo.
Ayudale a proponerse metas propias. Competir con vos lo puede frustrar si no alcanza tus mismos logros. En esto deben colaborar los padres, las comparaciones entre hermanos son contraproducentes. Cada quien debe compararse consigo mismo y con nadie más.
VOS QUÉ OPINAS…
“Ellos imitan algunas de mis expresiones o gestos como la sonrisa. Me gusta porque siento que me admiran, que quieren ser como yo”.
María Teresa Gutiérrez,
16 años, UCA.
“No siento que los influyo, pienso que si hay algunos rasgos comunes, se debe a la formación que hemos recibido. La forma de ver la vida es la misma”.
Manuel Estrada,
19 años, Thomas More.
“Como soy hermana mayor creo que es lógico que eso pase, es normal. Sólo me molesta cuando copia lo malo, por ejemplo siendo malcriada. Para corregirla primero me tengo que corregir yo. Es una gran responsabilidad”.
María Elsa Paniagua,
21 años, ULAM.
“Al contrario de querer imitarme, mi hermana piensa que me visto muy mal. Aunque la diferencia de edad no es mucha tenemos gustos súper diferentes”.
Carlos Morazán,
21 años, UCC. ![]()