Dos años de beatitud de Sor María

Isabel C. de Chamorro

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Dos años de beatitud de Sor María


Isabel C. de Chamorro




Hace dos años, cuando se iba a beatificar a Sor María, unos trescientos nicaragüenses animados con ese grato acontecimiento emprendimos viaje a Roma. Unas personas en Iberia, otras en Taca y American, todas llevábamos un gran gozo en el alma.

El aniversario de la beatificación de Sor María Romero, hoy 14 de abril, es una gran fiesta en el cielo, en Nicaragua, Costa Rica y Roma. Todos los nicaragüenses debemos sentir orgullo de tener a esta santa que fue ejemplo vivo de humildad, pobreza, obediencia y amor a Jesús y María ¡Su Rey y su Reina!

Cumpliendo con obediencia ella realizó una gran obra en Costa Rica, dejando su tierra donde también hubiera podido realizar algo tan hermoso.

Tantos libros se han escrito sobre ella, relatando sus maravillas. Mi familia (mi padre, abuela y nosotras, por supuesto) la conoció desde que ella era pequeña y se le veía ya un semblante de paz y humildad.

Cuando empezaba su obra en Costa Rica y me enseñó los roperitos que tenía para sus pobres, desde niños hasta ancianitos, se le veía la ilusión de vestir al desnudo y ayudar al desvalido. Recogía su limosna para ir construyendo el edificio que ahora es templo y casas para todos los necesitados. Era feliz haciendo el bien, quien llegara a pedirle ayuda salía con las manos llenas.

Entre las muchas cosas bellas, no historia sino realidad, está la de que un 24 de diciembre tenía que dar premios a dos mil niños y sólo tenía para 800. Ya estaban en el patio, frente al colegio, esperando, y la pobre Sor María y sus colaboradoras estaban afligidas. Ella les decía: “Confiemos en la Virgen”. En Sor María se veía una ardiente fe y confianza. Al ratito llegó la portera, corriendo y llevando un sobre que mandaba un cooperador para los premios de los niños, exactamente lo que faltaba. Envió rápidamente a una monja a comprar lo que faltaba y, feliz, premió a los niños. Al final apareció una gran canasta que mandaban buenos juguetes.

Así se iba cumpliendo toda su gran obra con su gran fe y confianza en su Rey y Reina. Y así debemos nosotros, con su ejemplo, hacer el bien y confiar en ellos.

Empieza a formar sus colaboradoras que ella las llamaba misioneras: “Vayan de casa en casa a los lugares más pobres, una de ustedes les habla del amor a Dios y la otra reza calladita”, pues sabían que llegaban los protestantes. Así fue infundiendo el amor para sus reyes y les decía que rezaran: “Pon tu mano madre mía, ponla antes que la mía”.

He relatado unas cuantas maravillas de las muchísimas que hizo Sor María. Los nicaragüenses debemos agregarnos a la directiva y ayudar con la gente pudiente y el FISE para empezar su obra en Nicaragua, los niños y niñas pobres que eran su ilusión. Viendo que hay tanta pobreza en este país, con esa obra muchas personas pobres aprenderán oficios para que en el mañana puedan ganarse la vida honradamente, en vez de hacerlo con la prostitución y otros vicios.

Me decidí a escribir estas líneas porque antes los hacía mi hermana Ruth, y no estando ella, no quise que este gran día pasara inadvertido a este pueblo religioso y en especial mariano. Tengamos fe en Sor María confiando sus problemas, porque ella es mediadora ante su rey y reina.

Para finalizar, una anécdota que me pasó con Sor María. A mi hijo Noel con sólo 49 años le vino un cáncer. Con mucha fe le pedí por su salud, hasta ofrecí mi vida, pero la voluntad de Dios era otra. Pero sí quiero exaltar la gracia que me hizo cuando el doctor me dijo que eso pasaría en julio. Me fui a la capillita y le pedí que se lo llevara el día de su fiesta, que sería una señal de que iría al cielo. Mi pedido fue cumplido: mi hijo murió el 7 de julio, fecha de su fiesta. Esto me dio una gran paz y lo vi como un premio para mi hijo, quien era muy devoto de Sor María.

Con esta gracia quiero terminar este pequeño escrito que va con todo mi corazón y devoción a esta gran beata que dentro de poco será canonizada.

La autora es miembro de la Asociación de Sor María Romero.

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