Secuestrados por los pactistas

Leonel Téller

Lazarsfeld, Klapper y otros han analizado y teorizado sobre los efectos mínimos para que se produzcan cambios de actitud en las sociedades modernas; también, la forma en que lo predominante es el refuerzo de las actitudes y estructuras ya existentes.

En Nicaragua, como en el resto de América Latina, la gente está influida por la política del miedo en contra de la izquierda. Un ejemplo palpable es la reciente elección en El Salvador. Sin embargo, la política del cambio no aparece por ningún lado.

La izquierda salvadoreña no pudo haber presentado a un peor candidato si se lo hubiera propuesto, ya que su representante fue un líder anacrónico, radical, obsoleto y trasnochado que no supo articular una sola propuesta para enfrentar exitosamente los retos del nuevo orden mundial y la defensa de los intereses estratégicos hemisféricos.

Hoy, Nicaragua se encuentra secuestrada por una componenda política entre la cúpula del Partido Liberal Constitucionalista (PLC) y la del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) que además ha mantenido en crisis permanente a los poderes del Estado y a las instituciones democráticas; sin embargo, algunos generadores de opinión y grupos de poder político y económico continúan trabajando para perpetuar las estructuras ya existentes y la política del cambio brilla por su ausencia.

Las elecciones municipales son el primer instrumento democrático que los nicaragüenses tenemos para iniciar el cambio o perpetuar las estructuras ya existentes y ésa será la decisión que los ciudadanos tomaremos en las urnas en noviembre próximo.

Mi criterio es que no debemos continuar alimentando a las cúpulas pactistas y corruptas que han tenido tiempo y oportunidades de sobra para lograr cambios y transformaciones profundas en beneficio de la población. Todo lo contrario, esas cúpulas trasnochadas, obsoletas, radicales y hasta corruptas son las protagonistas del desastre económico, social y político en que hoy vivimos.

Elisabeth Noelle-Neuman desarrolló el concepto de la “espiral del silencio” y los nicaragüenses debemos romper este esquema no aceptando las estructuras ya existentes.

Cuando decidí hace más de tres años iniciar la lucha contra la corrupción, desde la Asamblea Nacional, para romper los patrones y las estructuras corruptas muchos cayeron en la espiral del silencio o en la política del miedo. Sus opiniones en el momento no pertenecían a las mayorías y las críticas nos llovieron como en el mejor de los inviernos; sin embargo, fue hasta que un jefe de Estado arrancó la lucha contra la corrupción que los temerosos a quedar aislados rompieron su silencio y empezaron a exteriorizar lo que inicialmente habían criticado: el cambio.

El peor error que hoy se puede cometer como nación es mantener la dependencia histórica y social que ya no pertenece a estos tiempos, y aferrarse a las estructuras vigentes que tanto daño nos han hecho.

Mi única esperanza es que tengamos la capacidad de reflexionar antes de dar el voto el próximo noviembre, ese poderoso instrumento que puede romper las cadenas de lo obsoleto y lo aberrante o consolidar a los líderes de los partidos pactistas que tienen las mismas características del candidato derrotado en El Salvador: uno que dice ser de derecha y otro que dice ser de izquierda.

El autor es directivo del partido GUL.

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