Carlos Chamorro Coronel
Si alguien se atreviera a afirmar como lo hago yo ahora que nuestro potencial económico son los bosques y no el café ni la ganadería ni la pesca ni el turismo, aunque éste tiene enorme potencial, pudiera parecer que es una afirmación extravagante o al menos peregrina. Y sin embargo, no lo es. Tal vez sólo el agua por el inmenso caudal de nuestros lagos y ríos, aunque de no cuidar de nuestros bosques en relativamente poco tiempo contaríamos con ella. Todo, pues, depende de los bosques.
Pero, ¿cuál es la realidad? Según el estimado del mayor estudioso en la materia, doctor Jaime Incer Barquero, a cuyo estudio me remito, la realidad es que, en sus palabras: “Desde mediados del siglo pasado el país (nuestro) ha perdido más del 50 por ciento de su potencial forestal original. En los último años, la deforestación ha alcanzado la alarmante cifra de 150 mil hectáreas de bosque por año”, que curiosamente es la misma cifra que el Gobierno intenta reforestar en 15 años. Pero eso no es lo peor, porque como añade el insigne ecólogo: “De continuar el despale con este ritmo, el país perderá el resto de sus bosques en los próximos 25 años, si en las áreas deforestadas no se plantan nuevos bosques, o simplemente, si no se permite a la naturaleza restaurar por sí misma su capacidad generadora de bosques”.
¿Cuál ha sido el problema? En una sola frase del mismo autor: “No obstante la gran diversidad y el rico potencial del recurso forestal de Nicaragua, sus bosques no han recibido la atención adecuada ni el buen manejo que requieren dado sus múltiples beneficios”. Examinemos la cuestión con mayor detenimiento. Según la propuesta del Plan Nacional de Desarrollo, 8.4. Aglomerado Forestal y Producto de Madera, se reconoce que “Nicaragua es un país con un gran potencial forestal. De los 12 millones de hectáreas que posee el territorio nacional, el 44 por ciento de los suelos son de potencial forestal, o sea 5.3 millones de hectáreas, otros 3.5 millones de hectáreas son suelos con aptitud agrosilvopastoril. En total existen 8.8 millones de hectáreas con un gran potencial para actividades forestales, lo que equivale al 73 por ciento del territorio nacional. Hasta ahí santo y bueno.
Por su parte el doctor Incer habla de “más del 60 por ciento del territorio nacional tiene una definitiva vocación forestal”. Aparte de las discrepancias en cifras, ambos reconocen que más de la mitad del territorio nacional posee potencial forestal. En la práctica, según el estudio de la propuesta de Plan Nacional de Desarrollo: “Las exportaciones de productos forestales de Nicaragua se han incrementado notablemente, pasando de cinco millones de dólares en 1994 a 17 en el año 2002”. Lo que en realidad es muy poco, aparte de que no conocemos realmente las cifras reales de los cortes ilegales de madera, sobre todo en áreas protegidas supuestamente por la ley, por ejemplo Bosawás, donde tengo entendido de muy buena fuente, Marena no está haciendo absolutamente nada.
Por otro lado, el Gobierno, a través de Hacienda no da un solo centavo a Inafor, que es el organismo que por ley tiene por objeto velar por el cumplimiento del régimen forestal en todo el territorio nacional”. Pero cómo lo va a hacer si no cuenta con los recursos necesarios y suficientes para hacerlo. Es una rampante contradicción. Por su parte, el sector privado, Proyecto EPAD/IICA 9 marzo de 2004, en una propuesta de plan de trabajo afirma que “el sector privado pretende participar activamente en generar instrumentos de consenso que permitan al Gobierno contar con propuestas armónicas y coherentes, a fin de que el nuevo marco jurídico que tiene el sector forestal se constituya en un verdadero elemento de clima de negocios para dicho sector. Esto está bien, aunque en ninguna parte menciona la protección del medio ambiente. Al menos se comprometen a cumplir la ley, que ya es bastante trabajando en conjunto con el Gobierno, en este caso la Conafor (Comisión Nacional Forestal), que por la ley –artículo 5– es la instancia del más alto nivel y foro para la concertación social del sector forestal. El Gobierno tiene la palabra para salvar nuestro futuro escondido y latente en nuestros fértiles bosques sobre todo de la Costa Atlántica (Caribe) que pudiera convertirse en la zona más próspera del país preservando sus bosques y protegiendo sus etnias que tienen derecho a sus tierras por medio de un desarrollo sostenible y coherente en beneficio de todo el país.
Todo esto tiene sentido si tenemos en cuenta que según un estudio de todo crédito “entre 1990 y 2002, las exportaciones mundiales del sector forestal han venido creciendo a un ritmo de 3.7 por ciento anual, pasando de ser aproximadamente 100 mil millones de dólares en 1990 a cerca de 150 mil millones en el año 2002. Estimaciones recientes indican que para el año 2012 la demanda mundial puede alcanzar cerca de 185 mil millones de dólares, lo que sin duda alguna representa una gran oportunidad para nuestro país, que cuenta con potencial productivo en el sector forestal”. Ojalá fuéramos consecuentes.
El autor es analista político.