Ojo con el vice…

Peter R. Bernal

Cuando los fundadores de EE.UU. crearon el cargo de Vicepresidente, por primera vez en la historia, estaban haciendo una gran contribución a la estabilidad política y social ya que tal posición evita las luchas y enfrentamientos posteriores al fallecimiento, destitución o renuncia de un Presidente democráticamente electo. El primero en ocupar el cargo fue John Adams (1789-1797) que no sólo llegaría a ser el segundo Presidente sino una de las figuras más importantes del país. Ahora bien, si mencionamos al segundo “vice” estamos hablando de la Declaración de Independencia, ya que Thomas Jefferson fue vicepresidente hasta 1801, cuando se convirtió en el tercer presidente.

Al principio algunos se atrevieron a decir, con cierta burla acerca de ese cargo: “fue elegido Vicepresidente y más nunca se oyó hablar de el”. Desde el principio les correspondía presidir el Senado, sin tener más derecho a voto que en caso de empate, pero cuando empezaron a morir los presidentes los vices se convirtieron en factores importantísimos. En las primeras elecciones, los vicepresidentes eran los candidatos que quedaban en segundo lugar en votación en el Colegio Electoral para Presidente, pero eventualmente se cambió el sistema y los dos cargos se eligieron en la misma boleta. Precisamente, el Colegio Electoral le concedió relevancia al cargo ya que se necesitaba, por parte del candidato presidencial, el balance geográfico que traía su vice.

En 1841, el recién inaugurado presidente William Henry Harrison murió de muerte natural (neumonía causada por el frío en su toma de posesión) y John Tyler, su vicepresidente, se convirtió en presidente. Había cierta confusión. Algunos pensaban que debía ser considerado simplemente “Presidente en funciones” y otros lo consideraban “Presidente”, tesis que triunfó cuando Tyler se presentó ante el magistrado del Tribunal Supremo de Justicia, William Cranch, e hizo exactamente el mismo juramento requerido constitucionalmente a los presidentes. El Congreso, después de un breve debate, decidió reconocerle como Presidente. Hasta entonces existía cierta ambigüedad en esas cuestiones. Más datos curiosos sobre los vices: en 1853, William Rufus Duvane King, residente en la isla de Cuba, donde era propietario de una hacienda, juró ante un cónsul de EE.UU. (en la ciudad de Matanzas), el segundo cargo de la nación norteamericana. Por mucho tiempo se conservó allí la Biblia, versión del rey Jaime, en que juró el cargo. Otros asuntos interesantes tienen relación con la Vicepresidencia. El tercero en ocuparla, Aaron Burr (1801-1805) mató en un duelo al gran estadista y fundador Alexander Hamilton. El país se despertó sorprendido en 1850 para descubrir que el vicepresidente Millard Fillmore había ascendido a la primera magistratura del país, sin demasiadas credenciales políticas.

En 1857 ascendió al cargo el más joven en ocuparlo, John C. Breckinridge, de 36 años de edad. Al terminar su período se unió a los Estados Confederados de América después de conspirar contra Abraham Lincoln como demócrata sureño en 1860. ¿Se imaginan ustedes un ex vicepresidente como general de un ejército en rebeldía contra el gobierno federal? Ese fue el caso de Breckinridge, que también sirvió en el gabinete confederado. Las curiosidades siguen y pudiera mencionar que los republicanos Gerald R. Ford y Nelson Rockefeller, por las renuncias del presidente Richard Nixon y su vicepresidente Spiro Agnew, se convirtieron, sin elecciones, por decisión congresional, en vices uno atrás del otro. Ford llegó eventualmente a la Casa Blanca en reemplazo de Nixon.

Esto prepara el escenario para la importancia del cargo, el Vicepresidente ya no parece insignificante. Las elecciones estadounidenses están al doblar de la esquina. El presidente George W. Bush parece decidido en llevar al experimentado Dick Chenney, que de no suceder nada imprevisto estará en el tiquet en la convención Republicana en Nueva York. Por su parte, el virtual candidato demócrata, el senador John F. Kerry, ha nombrado un panel especial para ayudarle a seleccionar a su compañero de fórmula y presentarlo en la convención Demócrata a finales de julio, en la ciudad de Boston. Éste tiene que ayudarle como condición sine qua non a obtener triunfos en el sur del país, entiéndase la Florida (27), o ganar uno o varios en el centro industrial: Ohio, Pennsylvania, Missouri y Virginia Occidental, que suman 56 votos electorales.

Otra posibilidad es buscar una persona clave en los Estados con un pujante voto hispano parlante que “sube como la espuma”, entiéndase Arizona (10), Nuevo México (5), Nevada (4) y otros. Este panel también le debe sugerir al candidato que su selección del vice lo ayude a consolidar California (55), Nueva York (31), Illinois (21) y Nueva Jersey (15). Se necesitan 270 de los 538 votos electorales en juego, para ocupar la casona de la avenida Pennsylvania.

Voy a especular un poco de lo que puede suceder en el partido del burrito. Se menciona para ayudar a buscar algunos Estados en el sur al ex senador San Nunn de Georgia (15), al senador floridano Bob Graham y por supuesto al senador del Estado de Carolina del Norte (15) quien demostró una gran habilidad en las primarias en movilizar el voto de jóvenes e independientes que pueden ser un factor importante en noviembre. Para el centro del país, que se considera vital según las encuestas de opinión, se manejan dos nombres, el representante Dick Gephardt de Missouri y al senador por Indiana, Birch Bay, de Estados con 11 votos electorales.

En cuanto al voto hispano el favorito de muchos es el hijo de inmigrante mexicana, el ex congresista, ex ministro, ex embajador y actual gobernador de Nuevo México, Bill Richardson.

Otros en la lista son el general Wesley Clark, de Arkansas (6) y como recurso de última hora los demócratas no descartan a la senadora Hillary Clinton, que incorporaría a un cotizado director de campañas presidenciales, el ex presidente Bill Clinton. Ojo.

El partido del elefante, de no ser que los sondeos especializados muestren lo contrario y necesiten otro vice que pueda atraer el voto de los independientes o de asegurar el Estado clave para la victoria en el colegio electoral, Ohio, los delegados tendrían en la “gran manzana” una tranquila reunión. Si, por el contrario, el presidente Bush da un timonazo, algo históricamente aceptable –recordemos cómo F.D. Roosevelt cambio varias veces el vice y más recientemente el presidente Ford, seleccionó al senador Bob Dole, por Rockefeller–, tendría un amplio abanico de opciones. Por nombrar a algunos, estarían el senador de Arizona, John McCain, atractivo al voto independiente; el popular ex alcalde de Nueva York, Rudy Guliani; el actual ministro de seguridad nacional y ex gobernador de Pennsylvania, Tom Ridge, que ayudaría en los Estados claves del centro; y por ultimo, el favorito de muchos, el secretario de Estado, el general Colin Powell, primer afroamericano en ocupar esa importante posición. ¿Qué tal?

Cualquiera que sea el escenario. ¿Quién dijo que la vicepresidencia no es importante? Acudamos a una vieja moraleja: Ojo con el vice.

El autor es columnista internacional.

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