Federico Dueñ[email protected]
Felipe Pérez Roque, el canciller de Fidel Castro, negó con pétrea expresión facial y abierto descaro, ante la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en Ginebra, que los 75 presos políticos disidentes de abril de 2003, condenados con penas hasta de 28 años de prisión, sean maltratados en las cárceles cubanas por su “democrático” gobierno.
¿Estarán tan bien acondicionados como Arnoldo Alemán en La Modelo? ¡Dúdalo mucho!
Pérez Roque presentó 19 tediosos minutos de videos oficiales, debidamente “amañados”, en los que siete familiares de sus victimas testimonian que los presos reciben buen trato médico en prisión. Y declara enfáticamente que: “es falso que han tenido un trato degradante”. Negó categórico que estuvieran aislados en celdas tapiadas, que hayan sido golpeados, que sufran condiciones higiénicas inhumanas, comida podrida y que hubieran recibido trato inhumano por parte de sus “amables y serviciales” carceleros de la G-2.
La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y la Organización de Periodistas Iberoamericanos (OPI) exigieron la libertad de los 75 disidentes cubanos. También la SIP, por medio de un comunicado emitido en Miami le recordó a Pérez Roque la “campaña de represión desatada en Cuba”, que concluyó con severas condenas a “opositores políticos y periodistas independientes”.
Del mismo modo la OPI demandó una mayor presión mundial para obtener la libertad de los 75 disidentes políticos y denunciará ante la Relatoría para la Libertad de Expresión, de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la Organización de Estados Americanos (OEA), las “pésimas condiciones” de los encarcelados condenados hace un año.
Nuevamente el gobierno castrista rechaza que sus cárceles sean inspeccionadas por organismos internacionales tales como la Cruz Roja o ACNUR. ¿Que esconde? ¿Hay razones para que Fidel Castro no permita que los inspectores internacionales conozcan de primera mano la verdad de sus prisioneros?
La lógica indica que la inspección sería lo adecuado para que el mundo constatara la auténtica situación carcelaria en Cuba. No necesitaría más vídeos “editados”, ni que su canciller de turno haga el gran ridículo internacional tratando se sostener lo insostenible.
¿Qué le pasa a la ONU? Si efectivamente hubiera una actitud de sincera intención de actuar con honestidad y humanidad, deberían ordenarle imperativamente a Fidel Castro que permita una inspección incondicional a sus crujías, caso contrario retirar a su régimen totalitario de dicha organización, pues si no acepta las reglas del juego, no tiene derecho, ni razón de pertenecer a ella y puede hacer lo que crea conveniente contra su población, pero que no pretenda engañar al mundo bajo el amparo de la ONU.
Basta de permisividad con tiranos y dictadores que ilusamente quieren hacernos pensar que están jugando a la democracia.
El autor es empresario.