Cuidando la libertad y la credibilidad

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Cuidando la libertad y la credibilidad





La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) concluyó a comienzos de esta semana su primera reunión en el 2004 de las dos que acostumbra celebrar anualmente. Al terminar esta reunión, que tuvo lugar en Los Cabos, México, la SIP dio a conocer su acostumbrado informe sobre la situación de la libertad de prensa en las Américas, en el que se hizo ver que en el último año “conflictos internos, amargas luchas políticas, economías frágiles, temores de terrorismo y (en Cuba y Venezuela) una abierta represión o amenazas de represión han abatido la libertad de prensa en todo el hemisferio”.

En su reunión de Los Cabos, la SIP conoció también el informe sobre la situación de la libertad de prensa en Nicaragua, en el que el hecho más relevante fue el asesinato del periodista Carlos José Guadamuz, ocurrido el 10 de febrero de este año, cuyos entretelones siguen en el “misterio” donde al parecer quedarán para siempre.

Situaciones como esas tomó en cuenta la SIP en su reciente reunión de México para advertir en su informe que: “El derecho de los ciudadanos de buscar información, difundirla, expresar sus opiniones y debatir libremente sobre sus acuerdos y disensos se ve progresivamente restringido, lo que va empobreciendo gradual y sutilmente nuestras democracias”.

Aún en países con largo historial de respeto a la libertad expresión y de prensa, puntualiza el informe, se han creado últimamente situaciones que “limitaron la capacidad de algunos medios de información para operar tan libremente como hubieran querido. Y los temores de terrorismo han restringido el acceso a los medios de información tanto en Estados Unidos como en otros países”.

El celo de la SIP en defensa de la libertad de prensa es total, de manera que denunció inclusive el caso del Presidente de Argentina, Néstor Kirchner, “quien llamó por teléfono a un periodista justo antes de que éste iniciara sus comentarios por televisión. El Presidente advirtió al comunicador que estaría viendo su programa”. Por cierto que algo parecido ocurre en Nicaragua, donde funcionarios gubernamentales llaman a los medios para presionarlos directa o indirectamente cuando informan en forma que no les gusta o cuando revelan situaciones que ellos quisieran mantener en secreto.

Pero la parte más vigorosa del informe de la SIP fue la relacionada con Venezuela y Cuba. Con respecto al primero se señaló que “es cada vez más inquietante el odio que siente el presidente Chávez contra la prensa libre”; y que: “Igualmente inquietante es la opinión emitida por el Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela, que declara que la libertad de expresión no es un derecho absoluto de los seres humanos”. Y en relación con Cuba, donde anteayer se cumplió un año de la terrible represión contra los periodistas independientes que fueron condenados hasta a veinte años de prisión por ejercer su derecho a la libertad de información, la SIP reiteró su enérgica condena y la demanda de que sean puestos en libertad.

Pero la SIP no sólo defiende la libertad de expresión y de información, que es patrimonio de todas las personas. También se preocupa porque los periódicos mejoren los servicios de información que prestan al público, como la celebración en Los Cabos de un panel sobre formación de periodistas en derredor del tema: “Qué hacer para no perder la credibilidad de los lectores”.

En el panel se indicó que es necesario “hacer cumplir más rigurosamente las normas de procedimiento de comprobación de las notas, dedicar dinero y tiempo a la mejor capacitación y ser estricto en las normas éticas…” Y se planteó también la importancia de que en todos los periódicos hayan defensores de los lectores que atiendan y den respuesta a las quejas y las sugerencias del público, así como mejorar los controles en las salas de redacción para ajustar el rigor de las notas informativas.

En realidad, así como exige a los factores de poder que respeten la libertad de información y que sean transparentes y equitativos en el ejercicio de sus funciones, la prensa libre se preocupa también por ajustar su propio comportamiento a los intereses del público; o sea, predicar con el ejemplo y practicar en casa la caridad que exige a los demás.

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