Aprender a ganarse el dinero con honestidad

Auxiliadora Vásquez Acuña

Excelente me pareció el editorial de LA PRENSA del miércoles 3 de marzo, sobre todo al indicar que la clave del desarrollo de una nación es la suma de inversión más trabajo duro y honesto. Esa es una gran verdad.

Lamentablemente en Nicaragua muchos inversionistas nacionales o extranjeros ven a los nicaragüenses como tontos consumidores, como si se debiera agradecer y aplaudir eternamente la inversión que hacen en el país.

Particularmente me quiero referir a los inversionistas en bienes raíces y nuevos proyectos habitacionales. Recuerdo que el presidente Enrique Bolaños expresó en sus discursos iniciales, cuando asumió la Presidencia de la República, que se construirían viviendas con condiciones dignas y adecuadas para mejorar el déficit habitacional existente.

Y realmente he visto cómo en esta nueva era ha aparecido una gran cantidad de urbanizaciones novedosas, para todos los niveles sociales, con grandes ofertas de financiamiento, variedad de costos, servicios básicos, construcción moderna, buena ubicación y otros atractivos. Inversiones que de una u otra manera contribuyen a ese desarrollo necesario en el país.

Sin embargo, hasta hoy nadie ha sabido responder a quién le corresponde verificar que cada proyecto nuevo de vivienda cumpla con las normas establecidas y sobre todo que cumplan con lo que ofrecen. No se sabe qué instituciones regulan o controlan las nuevas urbanizaciones.

Los señores inversionistas en los “desarrollos urbanísticos”, una vez que entregan el inmueble hacen el mínimo esfuerzo, o nada en algunos casos, por resolver los problemas que estos proyectos presentan.

Y así he observado cómo los nuevos habitantes de algunos de estos novedosos proyectos se quejan de la falta de calidad en sus viviendas, como es el caso de las paredes rajadas, tuberías estancadas, problemas en el techo o azulejos que se desprenden con facilidad, entre otros inconvenientes.

Como es el caso de agua potable, servicio básico indispensable que ofrecen en sus brochures a través de sus ejecutivos de ventas. Y resulta que cuando se toma posesión de la vivienda, hasta entonces los habitantes nos enteramos que no hay servicio continuo de agua potable. Y si reclama a los urbanizadores le dicen que es problema de Enacal, y en ésta alegan falta de factibilidad en determinados proyectos, o lanzan el problema a la Alcaldía.

De tal manera que lo que se cree un final feliz o la conclusión de una meta, después de miles de sacrificios y trabajo honesto para obtener una morada digna, se convierte de repente en una pesadilla que no tiene otro nombre que deshonestidad y estafa de los señores inversionistas.

Y digo esto, porque ofrecen una cosa y luego salen con otra. Y no hay una institución definida u organismo gubernamental que dé seguimiento a las demandas de los nuevos habitantes. La única alternativa es la organización o bien las vías legales para lograr el cumplimiento a lo ofrecido.

Considero que el Gobierno debe abrir las puertas de Nicaragua al capital extranjero y nacional, pero también debe regular, normar y controlar a los inversionistas. De otro modo las estafas en muchos proyectos se pueden poner a la orden y eso también es corrupción.

Finalmente, creo necesaria la inversión de capital nacional o extranjero. Nicaragua la necesita, siempre y cuando sea como expresó el Editorial de este Diario: inversión, trabajo duro y honesto.

La autora es periodista.

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