Maquiavelo y la política

Mario Ruiz Castillo

La sola mención del nombre de Nicolás Maquiavelo nos trae a la memoria maquinaciones, políticas sucias e inmorales y toda falta de ética; por ello los términos y frases: Maquiavélico, eres un Maquiavelo y otros adjetivos similares, son una clara identificación con el italiano florentino conocido y calificado como un gran teórico político, abogado de la autocracia, maestro del mal, nacionalista, frío técnico, realista supremo, precursor del método científico, artista, burócrata, diplomático, cristiano, ateísta, doctor de los condenados, adulador de príncipes y satírico democrático.

Maquiavelo amaba generalizar y sus teorías han sido utilizadas por distintos doctrinarios para sus propios fines o denigración. Fue él quien expresó con mucha antelación que el continuo conflicto entre clases e intereses fortalece al Estado y es el catalizador de los derechos civiles y las libertades. Afirmó también que había que dejar las repúblicas en donde existiesen o constituirlas para tener una notable igualdad o mantener un principado para tener una notable desigualdad.

El Príncipe una de las obras más conocidas de Maquiavelo, aunque según muchos críticos no la mejor de ellas, se dice forma parte de los libros de cabecera de los políticos, dictadores y aprendices a ello; es una obra sin duda alguna, que expone en forma sintetizada, consejos al príncipe de turno; Maquiavelo era un funcionario y diplomático observador, que no hizo más que plasmar en su libro las características de la toma y conservación del poder en una época determinada; sin lugar a dudas Nicolás no fue un Maquiavelo en la acepción que hoy día otorgamos a ese adjetivo, es decir, modo de proceder con astucia, doblez y perfidia.

El autor florentino quiso congraciarse con el mandamás de turno y escribió su conocida obra creyendo que obtendría el favor del poderoso. La verdad es que su librito fue menospreciado y sólo mucho tiempo después cobró fama, y a partir de allí casi es imposible desligar a Maquiavelo con lo anti-ético, amoral y con todos los vicios de los políticos del mundo.

Los viajes y misiones que se encomendaron a Nicolás Maquiavelo, unido a su espíritu observador e inteligencia, dieron fruto también a Los discursos, obra menos conocida del italiano, por las masas y políticos, pero con un mayor contenido y análisis referidos a la toma y conservación del poder político.

Nicolás Maquiavelo murió retirado en una quinta, sin los goces y privilegios del poder terrenal, apartado del mundanal ruido, pero sus obras y consejos políticos fueron seguidos por miles de hombres y mujeres que se beneficiaron de sus recomendaciones y observaciones y se volvieron tiranos, dictadores, caudillos y líderes cuyo único y exclusivo fin es la conservación del poder, sin importar los medios y métodos utilizados.

Yo no creo que sea a partir de El príncipe que los políticos hayan perdido la ética. Desde que ese primer espécimen existió tiende por naturaleza a ser anti-ético, con las excepciones debidas. No puede achacársele a Maquiavelo que los políticos justifiquen cualquier medio para alcanzar sus fines, el autor simplemente relató lo que vio y tuvo por experiencia, ni lo creó ni lo inventó. Ya antes del florentino existieron tiranos y malos hijos, que por conservar el poder fueron capaces de destruir a todo un pueblo en aras de sus ambiciones personales y egolatrismo. Antes de Maquiavelo también existieron lacayos y seguidores que adularon y vitorearon al poderoso, aún en contra de intereses nacionales.

Nicolás Maquiavelo pasó a la posteridad, no como debía, o sea como un autor fructífero, diplomático y funcionario diligente, sino por divulgar el actuar de los políticos. Por ello Maquiavelo es recordado como el consejero de déspotas y tiranos de todos los tiempos.

El autor es jurista.

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