La cultura es carí$ima

—Angélica Martínez R.—

Cuando pienso en este

tema recuerdo una caricatura de Roger Sánchez que vi hace años en la extinta Semana Cómica. Decía algo más o menos así: “Cuando pienso en cultura me meto la mano al bolsillo”.

Son numerosas las personas que creen que ir al teatro o a una exposición de arte es caro, sólo para gente pudiente. Pero no consideran caro pagar más de 100 dólares por ver a Maná o Elefante.

En la mayoría de los casos, el cobro de las entradas al teatro es simbólico o ¡son gratis!

Mis observaciones, por ello, van en dos sentidos tanto para los consumidores de cultura como para los que la ofrecen. Muchos se llenan la boca diciendo que a Nicaragua no se traen buenos espectáculos de teatro, ballet o música de cámara. Señores, les tengo noticias: sí los traen pero ustedes no se aparecen para verlos.

En noviembre pasado, con el auspicio de la Embajada de España, se presentó en el Teatro Nacional Rubén Darío un grupo llamado RES & RES in Blanc. Ellos se dedican a una nueva expresión artística que resulta de la mezcla del teatro, la danza y el circo. Las entradas sólo costaban entre 60 y 120 córdobas.

Por mencionar otros ejemplos, la Orquesta Mendelssohn, aclamada en toda Europa, y el Teatro Negro de Praga, no llenaron ni la mitad del teatro en julio y marzo pasados. Las entradas para ver el Teatro Negro se vendieron a 35 dólares la platea y 15 el tercer balcón. En el caso de la orquesta sólo costaban entre 2 y 5 dólares.

La diferencia en los precios está determinada por el número de patrocinadores que tenga cada espectáculo. Así se espera que cuando regrese el Teatro Negro, este año, la cantidad de patrocinadores haga accesibles las entradas.

Por otra parte, están los libros. Últimamente mucho se promueve el hábito de lectura entre los niños y adolescentes y aplaudimos esa postura. Pero, ¿cómo decidir entre comprar la última edición de El Alquimista, de Paulo Coelho y realizar los tres tiempos de comida como Dios manda?

La verdad, no todas las casas editoriales de Nicaragua cobran tan caras las ediciones de los autores nacionales. Pero sí es criticable que algunos precios estén en dólares cuando ganamos en córdobas. Ese es otro tema.

A lo que voy es, según una ley de mercado, más es menos y menos es más. Quiere decir que entre más se vende un producto su costo se abarata. Un libro de Coelho puede llegar a vender fácilmente más de 10 mil ejemplares, sólo en su primer año, según estadísticas de Chile. En este país, ahora se puede adquirir una edición de lujo de El Alquimista, en menos de dos dólares.

Cuál es la lógica (le pregunto a las distribuidoras), de vender caros los libros que vienen de casas editoriales mexicanas como McGraw-Hill, Limusa o, la argentina Alfaguara, que además no son gravados por importación.

Imagino que la respuesta es que al igual que los productos de marca que son usados por la clase social más alta, los libros dejan de ser deseados cuando su consumo se vuelve masivo (¿?).

Después dicen que el nicaragüense no tiene hábito de lectura, pero con esos precios ¿quién puede? Para eso están las bibliotecas públicas me dirán otros, pero ¿cuántas poseen las última novela de Gabo?

Estamos claros. Que pague el que puede pagar, pero entonces: ¿la cultura sigue siendo exclusividad de una clase social? ¿Seguimos amarrados en las postrimerías del siglo XVIII?

Algunos me dirán que “eso es cosa de cada quien”. Al que tiene interés por ver el ballet o leer un buen libro no le importa pagar lo que sea con tal de ver y leer lo que quiere, lo mismo en el caso de los que quieren ver a Maná.

Pero existe una buena parte que quisiera tener acceso a la cultura y no puede a como hay otros a los que la cultura les vale. ¿A cuál grupo pertenece usted?

La autora es periodista

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