Alvin Alaniz González
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Otra vez la historia se repite
Alvin Alaniz González
Nicaragua ha derramado mucha sangre para lograr libertades que abonen a su desarrollo y consolidación de un verdadero Estado de Derecho. Ahora le tocó caer, a manos de balas asesinas, al periodista Carlos José Guadamuz Portillo, hombre que generaba polémica, libre pensador que desde sus orígenes revolucionarios hizo de la radio el medio de expresión al servicio de los pobres, de los más humildes y necesitados. Fue quien acercó la radio a la población haciéndole partícipes directos de su desarrollo, tanto desde la oficialista Voz de Nicaragua, donde fue director, como de Radio Ya, de la que fue su fundador, director y dueño.
Con su actuar controversial Carlos Guadamuz expresó libremente sus ideas, atacando de manera directa todo lo que, según su criterio, merecía ser denunciado. Nunca calló ante presiones y chantajes, con su voz altiva se enfrentó a sus adversarios, tanto de la dictadura somocista, como recientemente, contra aquéllos con quienes compartió el poder en los años ochenta y quienes le despojaron del medio que fundó y llevó al primer lugar de audiencia.
Es lamentable que en pleno siglo XXI se estén dando este tipo de eventos para callar la voz crítica, la voz que denuncia las injusticias y que expone sin temores sus ideas. Esa voz que el martes 10 de febrero fue callada cobardemente por quienes temen combatir las ideas con ideas; voz que debe ser tomada por todos los periodistas honestos, responsables, que amen verdaderamente su profesión, no dejándose amedrentar por amenazas ni chantajes, a como lo hizo siempre Carlos Guadamuz.
Nicaragua demanda en este momento ver un verdadero actuar profesional de la Policía Nacional para esclarecer a profundidad e imparcialidad (tal como lo solicitara el señor Presidente de la República, ingeniero Enrique Bolaños), este condenable asesinato, caiga quien caiga, ya que es poco creíble que este hecho sea el actuar independiente de un “revolucionario”, “uno de más de un millón” que quería silenciar a Carlos Guadamuz; por el contrario, todo parece indicar que esto constituye una ejecución orquestada al mejor estilo de los “ajusticiamientos” de quienes no comulgaban con el actuar y pensar de los gobernantes revolucionarios.
Por el bien y la estabilidad de Nicaragua y del periodismo nacional, Dios quiera que este crimen no quede en la impunidad, como quedaron otros asesinatos (Arges Sequeira Mangas, Enrique Bermúdez Varela, Jean Paul Genie, etc.) o se limite a castigar al autor material y que esta vez se llegue hasta quien orquestó este sangriento acontecimiento, que no sólo enluta a una familia (a quienes aprovecho para externarle mis muestras de respeto y sinceras condolencias), sino a todo el gremio periodístico nacional e internacional y a todo libre pensador.
Mientras existan personas que no acepten que el disentir y expresarse libremente es un derecho de todos y cada uno de los nicaragüenses, la libertad de expresión en Nicaragua estará condenada a sufrir este tipo de agresiones.
Ojalá todo el gremio periodístico se una en una sola voz para decir basta. Y desde ahora se den a la tarea de fomentar la libre expresión como un cimiento de nuestra sociedad, haciendo nuestra la frase del doctor José María Castro Madriz, primer presidente Constitucional de Costa Rica: “La libertad de prensa es un derecho consagrado por la ley, y como tal debo respetarlo, cualquiera que sean las consecuencias que de su ejercicio, para mí resulten”.
El autor es médico y cirujano.