Una cuestión de prioridades

Eduardo Enrí[email protected]

Es una regla elemental que cuando se tienen pocos recursos, se deben priorizar las necesidades a satisfacer. Es una regla sencilla, prácticamente obvia, que nos permite ver la verdadera intención detrás de la retórica.

Si yo digo que lo que quiero es la mejor educación para mis hijos, que mi presupuesto pueda garantizar, pero en realidad aparto para ello un porcentaje insuficiente, entonces, podré reventarme hablando de la preparación que quisiera dar a mis hijos pero la realidad será otra. Igual con los presupuestos de las naciones.

Esta semana el Japón anunció que cancelaba el financiamiento al programa del Vaso de Leche que complementaba la alimentación de unos 400 mil escolares en todo el país. Las razones que dio el embajador japonés son duras pero verdaderas, ellos esperaban que en algún momento Nicaragua tomara las riendas de ese programa, cosa que obviamente no estaba ocurriendo después de tres años de que los japoneses lo habían financiado.

El Vaso de Leche tiene un costo anual de tres millones de dólares y no sólo brinda nutrición a los niños y garantiza su asistencia a las escuelas, sino que también hace su parte para dinamizar la industria lechera. Pero para todos esos beneficios tenemos que depender de la cooperación extranjera porque obviamente no se puede encontrar dinero en el presupuesto para ese programa. El Vaso de Leche no es una prioridad.

Sin embargo, sí es una prioridad garantizar que cada partido político obtenga del Estado tres millones de dólares siempre y cuando logre el cuatro por ciento de los votos emitidos en las urnas en las próximas elecciones municipales.

Se puede esperar que al menos cuatro partidos sobrepasen ese límite, o sea, el Estado desembolsará 12 millones de dólares para los partidos políticos después de estas elecciones. Suficiente dinero para mantener el Vaso de Leche vivo cuatro años más. Para garantizar que un niño que este año entre a primer grado al menos llegue al cuarto grado de primaria con un suplemento nutritivo. O sea, “riales” hay, pero es una cuestión de prioridades.

El Gobierno puede decir que no tiene opción. Lo de los partidos está en la ley. Pero ninguna ley establece que se provea de un vaso de leche a los niños pobres que van a la escuela. Los diputados se preocuparon por garantizarse su prioridad, que es seguir engordándose a costa del erario. La alimentación de los niños pobres no es prioridad.

No hay que ser muy letrado para comprender que aquí se trata o de llenar la panza de los políticos o de llenar el estómago de los niños. La elección debería ser obvia. A menos que uno sea un político sandinista o liberal, claro.

Los diputados no van a tomar, por las buenas, la opción que conviene a la mayoría de los nicaragüenses, sin embargo, el nicaragüense promedio tiene un arma muy poderosa, su voto. Es cuestión de despabilarse y darse cuenta que las estructuras actuales de poder no resuelven.

Mientras el nicaragüense no se dé cuenta de que tiene que hacer valer su voto; mientras no haga de eso una prioridad de vida o muerte como en efecto lo es, no va a dejar de vivir absurdos como el que vimos esta semana, en el que se cancela el alimento de 400 mil niños pero se garantiza el engorde de un puñado de políticos. Es una cuestión de prioridades.

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