Magdalena de Rodríguez R.
Es evidente el ocaso del Frente Sandinista. El teatro representado por el FSLN en el hemiciclo de la Asamblea Nacional el nueve de enero fue deslucido. Se advertía la falta de autenticidad. Era el berrinche de niños a quienes se ha privado de un dulce.
Para quienes tenemos memoria política, resulta sorprendente la amnesia que quiere aparentar el partido roji-negro en este momento tan importante para la vida nacional, rasgándose los vestidos por la presencia de la embajadora norteamericana en las difíciles negociaciones para conformar una directiva aceptable por todas las tendencias presentes en la Asamblea Nacional, cuando fue precisamente la intervención del presidente Carter la que definió la toma de poder por el FSLN en 1979. Al rememorar aquel episodio de nuestra historia reciente no puedo sino concluir que lo que es bueno para el ganso es bueno para la gansa.
Durante los casi once años de gobierno frentista, fue, más que asesorado, gobernado y financiado por el imperialismo soviético y sus adláteres. El país estuvo sometido a los búlgaros. Búlgaros y cubanos dirigían la llamada “seguridad del estado”, entrenaban y maltrataban a los soldados del Ejército sandinista y lo poco extranjero que consumía el pueblo nicaragüense era procedente de Bulgaria, satélite del imperialismo ruso hoy extinto.
Siempre elementos exógenos han determinado los hechos importantes de nuestro acontecer político, infortunadamente, causa de nuestra incapacidad manifiesta, motivada por nuestra inveterada falta de tolerancia, por ese individualismo que nos abruma, por la ausencia de espíritu de Patria, puesto que el “nacionalismo” sólo aflora hipócritamente y contra EE.UU.
Primera remembranza: en 1978 México rompe relaciones con el Gobierno de Nicaragua y es el presidente de Costa Rica, Carazo Odio, quien informa y convence al mexicano sobre la situación extrema que se vive en el país. La ruptura de relaciones provoca la renuncia del ministro de Gobernación mexicano por considerar ésta contraria a la Doctrina Estrada: “No injerencia de México en los asuntos internos de otros países”.
Segunda remembranza: en los Acuerdos de Esquipulas fue el presidente de Costa Rica, Oscar Arias, quien decidió, apoyado por los demás presidentes centroamericanos, el destino del gobierno frentista, haciendo bajar la cabeza al presidente Daniel Ortega, quien, para nuestro bien, aceptó adelantar las elecciones en Nicaragua. Corolario de estos buenos oficios: Premio Nobel de la Paz para el doctor Arias.
Tercera remembranza: cuando la UNO gana las elecciones en 1990 y el presidente del Poder Electoral vacila, teme, o no quiere anunciar el triunfo de la democracia, es Baena Soares, de la OEA, quien decide al conminar a Ortega: “Lo anuncia usted o lo anuncio yo…” Carter, que está presente se muestra de acuerdo, no obstante haber sido el gran elector del FSLN, once años atrás.
Así, pues, los nicaragüenses no somos soberanos, por nuestras propias culpas. Además, hoy por la globalización del mundo ante la cual no podemos excluirnos, la soberanía de las naciones es cada día más una cuestión retórica.
Nicaragua es un país sometido a los países donantes, no sólo a EE.UU. Son seis lo que deciden nuestro destino. Una verdad muy dolorosa.
Sólo queda esperar y lograr algún día que mediante el trabajo de todos, sin los desmayos y el yoquepierdismo, sin el “medio-vuelto”, que editorializara PAC en un “Escrito a Máquina”, podamos crear algo de la dignidad de que habla el presidente Bolaños.
Última remembranza: en 1995 el presidente de la Asamblea Nacional invitó a un vino de honor, como se solía decir, al entonces embajador norteamericano John Maisto, y en el discurso de ofrecimiento le espetó que era hermoso el cambio de actitud de EE.UU. hacia los países hispanoamericanos, ya que los embajadores no venían como antes con la Biblia en una mano y el revólver en la otra. Alguien comentó: para qué invitarlo para insultarlo. Otros pensamos que ya era tiempo de externar ese comentario. A Maisto se le puede hablar en español.
Para deplorar nuestro ancestral sometimiento a las potencias mundiales abramos ambos ojos, no seamos anti-imperialistas tuertos.
La autora es profesora, fue diputada a la Asamblea Nacional.