Jorge J. Cuadra V.*
Si hay pueblo astuto, con la malicia suficiente para darse cuenta de lo que está pasando tras bastidores, ése es el pueblo nicaragüense. Hemos aprendido a punta de fusil, de muerte, de cárcel y de exilio, todos los vaivenes de la política. Somos capaces de olfatear un pacto a gran distancia y nos basta un rumor para saber hasta la hora en que nos van a traicionar nuestros políticos.
Por eso causan risa los esfuerzos del doctor Mauricio Martínez Espinosa, para tratar de vendernos la idea de que no ha recibido un solo centavo por sus funciones como abogado defensor del doctor Alemán. Ha trabajado, como quien dice, por amor al arte y por amor a su jefe máximo, por lo que se merece un puesto de asesor jurídico en la Asamblea Nacional para compensarle sus esfuerzos y su lealtad. Sea como sea, Arnoldo Alemán está actuando como se espera que actúe, de manera abusiva, amoral y mezquina. Está actuando como lo que es: un psicópata que cree que Nicaragua le pertenece y que puede hacer uso de los recursos estatales para resolver sus negocios personales. Por otro lado, se siente tan perdido el doctor Martínez, que ya dijo que si no hay plata para cancelarle sus funciones como asesor jurídico de la Asamblea Nacional, lo hace de gratis porque el partido lo necesita y el “hombre” así se lo ordena. Ésas son las posturas clásicas de los arnoldistas, que siempre están manoseando lo que no es de ellos, con tal de no pagar lo que deben.
La honorable embajadora de EE.UU. en Nicaragua ya sabía acerca de esos comportamientos abusivos, sin embargo puso todos sus esfuerzos y usó todo su poder para que quedaran como triunfadores en la batalla por el poder de la Asamblea Nacional los que tanto daño le han hecho al pueblo. Una cosa es cómo Washington ve la política buscando la forma de cuidar sus intereses como potencia rectora y otra es sentir en carne propia los estragos y vandalismos que cometen esos Atila desatados contra la nación, esparciendo la corrupción y atrasando la labor de la justicia.
No hay que dejarse confundir por esos actos de falsa seguridad que proyecta un abogado derrotado. Que yo sepa, el abogado en cuestión nunca antes se había caracterizado como político militante, sin embargo, ahora compite en fervor y entrega con el diputado que dijo dar la vida por su jefe, si fuera necesario. Si le ponemos atención a sus alegatos caeríamos en la cuenta que lo único que hace es bailar el son que le tocan desde El Chile. Para el abogado Martínez la defensa de Alemán dejó de ser un caso judicial y se convirtió en una militancia política y para tratar de justificarlo usa pura demagogia, al extremo de llegar a decir que si no hay dinero él trabaja gratis. ¿No será que ya le tocaron el chin chin electorero y está contando con una diputación para las elecciones del 2006? Para las cosas que se ven en este desventurado país, eso no sería nada raro.
Si alguien dudaba de las verdaderas intenciones de la actual Junta Directiva manejada por los arnoldistas, sólo tiene que ver el primer nombramiento que hizo su presidente, porque hablar de imposiciones aquí no cabe puesto que el diputado Noguera es tan arnoldista como el que más y siempre va a estar al servicio de los intereses de Alemán, antes que los de la República.
Las esperanzas de contar con una Junta Directiva de la Asamblea Nacional equilibrada y de consenso, se perdieron en los elegantes salones de un conocido hotel capitalino donde se jugó con las ilusiones de todo un pueblo y se apostó en contra de la paz, sin importarles que los nicaragüenses estamos cansados de las intrigas palaciegas. De esas reuniones que terminaban al filo de la media noche y a veces más tarde lo que salió fue la discordia y la incertidumbre, con las que tendremos que vivir a lo largo de este año que parecía lleno de logros y que de pronto se nos quedó vacío. No quiso ver la excelentísima señora embajadora que lo primordial para los diputados arnoldistas es la liberación de su máximo líder, y para lograrlo llamaron de refuerzo al doctor Mauricio Martínez Espinosa. Ahora sólo queda esperar los resultados de ese error y confiar en la promesa del señor Presidente de la República, de no ceder ante las intenciones de los que quieren que Arnoldo Alemán quede impune y se burle la justicia.
* El autor es analista político.