Jorge Huete-Pérez*
Uno de los sufrimientos de viajar por avión a otras latitudes son las anomalías en el patrón del sueño. Estos patrones también pueden cambiar en períodos de enfermedades infecciosas o por irregularidades propias del envejecimiento. En tales casos estas alteraciones de la rutina de sueño nos deben parecer absolutamente comprensibles.
Sin embargo, las alteraciones del sueño ocurridas en ausencia de viaje o enfermedad pueden constituir en sí mismas una dolencia, como en el caso del llamado “síndrome de fase avanzada”.
El desajuste del sueño es apenas uno de los procesos biológicos alterados en la disrupción de nuestro ritmo circadiano (de un día) o “reloj biológico”, el cual nos dicta cuándo despertar y cuándo dormir, y que está vinculado con factores como la temperatura corporal, frecuencia respiratoria y los niveles hormonales. Cuando nuestro “reloj” funciona normalmente, la temperatura y la hormona melatonina tienen un incremento y un descenso específicos a horas fijas. La melatonina, por ejemplo, presenta sus niveles máximos de concentración a medianoche coincidiendo con el sueño.
Si bien la existencia de ritmos biológicos circadianos se conoce desde antaño, la clave del control de estos procesos se ha obtenido recientemente, aclarándose la intervención de más de una docena de genes, los cuales actúan en un conglomerado de más de 50 mil neuronas en cada lado del cerebro. Dependiendo de la presencia o ausencia de luz, este conjunto de células y genes se coordina para sincronizar a la perfección los ciclos de sueño y vigilia. En particular, la neuro-hormona melatonina actúa como sincronizadora natural.
Estos avances en la comprensión del ritmo en el ámbito molecular, aunados al descubrimiento de algunas mutaciones genéticas, han conllevado también al entendimiento de ciertos tipos de desórdenes del sueño observados en pacientes con depresión, esquizofrenia y demencia de Alzheimer. Así, algunas terapias modernas se centran esencialmente en la experimentación con los niveles de exposición a la luz (luminoterapia), y de concentraciones de melatonina. Se espera que una mayor exposición a la luz durante el día y mejores niveles de melatonina durante la noche puedan ayudar a corregir el desfase del ciclo de sueño-vigilia en los pacientes.
Por otro lado, se viene observando un incremento del número de personas afectadas por desórdenes del ritmo biológico presuntamente a causa de los niveles elevados de estrés que se experimentan hoy día. Uno puede imaginarse los efectos de la disrupción del sueño y el descanso en la actividad intelectual. Puesto que en adolescentes y jóvenes el estado más alerta suele ser por la tarde, varios países europeos han modificado los horarios y turnos escolares.
La posibilidad real de un aumento del desajuste del ritmo biológico de cada vez más personas, causa alarma entre empresarios y políticos tomadores de decisiones por las repercusiones socioeconómicas como la disminución de la productividad y mayores riesgos de accidentes laborales. La Volkswagen y otras grandes empresas europeas se han planteado consideraciones respecto a los turnos y la eficiencia de los individuos.
La cronobiología, disciplina orientada al estudio de los mecanismos del ritmo circadiano, se encuentra actualmente en fase de expansión mundial. En Nicaragua, el dictado de conferencias universitarias sobre el tema viene creando una mejor conciencia de los problemas del manejo de estos ritmos en procura de una mejor calidad de vida.
A manera de anécdota, en una conferencia me tocó llamar la atención a varios estudiantes “dormilones”. Alguien bromeaba con que éstos deberían estudiar más bien para diputados, por aquella percepción generalizada de que muchos diputados llegan al Parlamento a dormir. Otro estudiante propuso la hipótesis extravagante del “síndrome del diputado desfasado o dormilón”.
Más allá de lo anecdótico, una hipótesis valedera recomienda la planeación de los turnos laborales nocturnos tomando en consideración el ritmo biológico del organismo humano para prevenir secuelas dañinas sobre el sueño y otros procesos fisiológicos. Se ha estimado que en países industrializados cerca del 20 por ciento de la población hace turnos nocturnos. Día a día viene aumentando también en Nicaragua la población laboral que trabaja de noche.
Siendo la cronobiología una disciplina relativamente reciente, no se conocen a plenitud los trastornos del ritmo circadiano y quedan por identificarse sus genes reguladores. De todos modos, ya se empieza a comprender mejor la compleja cadena de elementos que conectan el “reloj” biológico con todas nuestras actividades corporales. Aquí lo fundamental es, como todo en la vida, la necesidad de una perfecta sincronía.
* El autor es doctor en biología molecular.